AMERINDIA n°25, 2000

Transferencias náhuatl-español en el Balsas
(Guerrero, México)

Reflexiones sobre el desplazamiento y la resistencia lingüística en el náhuatl moderno

José Antonio Flores Farfán

Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, México

México es uno de los países más poblados de Latinoamérica. De un total de población de aproximadamente 90 millones, entre el 10 y el 15 % todavía habla una lengua de origen indoamericano. Este porcentaje comprende diversas familias lingüísticas, entre las que destacan la yutoazteca, la maya y la otomangue. El náhuatl forma parte de la familia yuto/azteca, la cual incluye entre otras el cora, el huichol, el rarámuri (o tarahumara), el pima-papago y el yaqui (cf. Suárez 1983). Aparte del español, oficialmente en México prevalecen 62 lenguas diferentes, aunque sólo el español es reconocido como lengua nacional. Después del español, el náhuatl es la lengua con mayor número de hablantes con alrededor de entre un millón y medio hasta dos millones de hablantes, dispersos en buena parte del territorio nacional.

En tiempos prehispánicos es posible que existieran diversas situaciones poliglósicas (cf. Fasold 1984), en las que el náhuatl fue lengua de prestigio. Junto con el maya yucateco en Yucatán y el zapoteco y mixteco en Oaxaca, el náhuatl fue lingua franca de Mesoamérica. Los españoles recuperaron este estatus en tiempos coloniales, funcionando así hasta el siglo XVIII (Heath 1972; Cifuentes y Pellicer 1986). Para el siglo XIX, el español desplazó ya al náhuatl como lingua franca estableciéndose como lengua nacional y oficial (Cifuentes y Pellicer 1986). En esta dinámica sociolingüística existen dos tendencias históricas que operan hasta la fecha: una hacia la substitución de las lenguas indígenas por el español y otra hacia su continuidad. Esto implica inestabilidad del bilingüismo, un proceso histórico con el dilema entre la pérdida y el mantenimiento como constante. La relación asimétrica entre las lenguas indígenas y el español ha producido el decaimiento de varias decenas de lenguas, demostrando la existencia histórica del conflicto lingüístico. Algunos investigadores han estimado que había por lo menos 100 lenguas en México (Suárez 1983). Así, la estimación oficial actual de 62 lenguas representaría más de la mitad de la diversidad original[1]. El perfil cuantitativo de las lenguas indígenas es problemático, dada la dificultad de definir los límites entre lengua y dialecto (Suárez 1983; Flores y López 1986). Las definiciones propuestas por los lingüistas en ocasiones se contradicen con las percepciones de los hablantes. Así, para algunos lingüistas, el maya yucateco es una lengua separada del mopán y el itza, mientras que para muchos hablantes, dado su alto nivel de inteligibilidad, se perciben como dialectos de una misma lengua. La definición lingüística de dialecto versus lengua es frecuentemente rebasada por otras consideraciones, como los intereses políticos, por lo que la diferencia no se limita a criterios estructurales. Adicionalmente, existe un amplio rango de variabilidad, de acuerdo con diferentes situaciones y dinámicas interaccionales, como la definición de los criterios por los que alguien es (o no) hablante de una lengua, lo que puede someterse a una intensa manipulación, con presentaciones personales incluso antagónicas.

No es fácil definir los límites entre español y lenguas indígenas. El conflicto lingüístico entre lenguas indígenas y el español constituye un continuum que va de situaciones donde éste (casi) ha desplazado a las lenguas nativas, hasta casos en que los indígenas han reafirmado sus culturas y lenguas, preservando y hasta promoviéndolas, como, respectivamente, es el caso de los hñahñu (u otomí) del Valle del Mezquital, donde muchas comunidades tienen ya al español como lengua primaria (cf. Zimmermann 1986, 1992, 1999), en contraste con el maya yucateco o el zapoteco del istmo, donde existe un fuerte orgullo etnolingüístico - algunos investigadores lo conciben como bilingüismo estable (Lastra y Suárez 1980)[2]. Se requiere más investigación de estas situaciones. La tensión entre el mantenimiento y el desplazamiento lingüístico es un interés relativamente nuevo en la (socio)lingüística en México.[3] En este ensayo parto de la hipótesis de que todas las lenguas mexicanas están amenazadas, aunque en distintos grados. Por ejemplo, aún cuando hoy en día el náhuatl es hablado por alrededor de dos millones de personas, esto no quiere decir que no esté amenazado. En contraposición con el maya yucateco, el náhuatl se habla en diferentes regiones con poco o nulo contacto entre sí. Por ésta, entre otras razones, como su naturaleza básicamente oral y la falta de apoyo institucional, el náhuatl sufre una fuerte compartimentalización geográfica, social y funcional. Su dialectalización ha llevado a autores como Suárez (1983) a hablar de lenguas nahuas, proceso que está conduciendo a la asimilación lingüística.

Sin embargo, existen determinadas áreas, como el Balsas, en el estado de Guerrero, donde un movimiento de reivindicación sociopolítico ha emergido, reafirmando la vitalidad lingüística y cultural. Esta movilización se refiere a la oposición a la presa hidroeléctrica denominada San Juan Tetelcingo, el nombre de uno de los pueblos del Balsas donde sería construido el embalse, movilización iniciada hace alrededor de una década. Por primera vez en la historia de la construcción de presas en México, un grupo indígena ha logrado detener un proyecto de « modernización » irracional del Estado mexicano. Esto se logró, junto con el apoyo nacional e internacional que se consiguió, a través de intensas movilizaciones de los pueblos nahuas, conformándose en una organización local: el Consejo de Pueblos Nahuas del Alto Balsas (CPNAB). La lucha en contra de la presa, que desplazaría a más de veinte comunidades con todas sus funestas consecuencias, ha tenido efectos de unificación de los pueblos en los que lengua y cultura nahuas juegan un papel fundamental a nivel simbólico, enarboladas como arma de lucha política, recuperando la retórica estatal indigenista sobre el respeto a las raíces ancestrales de los mexicanos. El náhuatl es también lengua comercial a nivel de la comunicación intra regional, otro factor de orden instrumental que favorece el mantenimiento de la lengua en el comercio local de artesanías, producidas prolíficamente en la región para la venta en el mercado turístico (amates[4], talla en madera –máscaras, figuras de santos, pescados –, alfarería). Se trata de una cultura de la innovación en la que la producción de artesanías, más que destruir la cultura y lengua indígenas, ha tendido a fortalecerlas. Todo esto permite matizar las propuestas de estadios de muerte lingüística (Krauss 1992, Fishman 1995) o las distintas etapas de contacto (Thomason and Kaufman 1988), lo que intentaré en este artículo, como una contribución a las poco exploradas estrategias que las comunidades mesoamericanas desarrollan como formas de resistencia ante la asimilación lingüística y cultural (cf. Hill 1993; Flores Farfán 1999a).

La historia del contacto náhuatl-español

La utilidad del instrumento lingüístico para la comprensión de los procesos históricos de cambio, adaptación y aculturación forzada ha sido puesta de manifiesto desde el momento de la invasión española (cf. Karttunen y Lockhart, 1976; Lockhart, 1992). La documentación nahua se ordena cronológicamente en etapas del contacto que suponen diversas transformaciones de lengua y la culturas nahuas. Se trata de la historia del bilingüismo substitutivo (cf. Aracil 1983) náhuatl-español. Este artículo contribuye a completar el cuadro de esta historia a partir del estudio de las comunidades nahuas del Balsas. El material de la investigación se obtuvo en situaciones específicas de interacción verbal – elicitación formal, cuentos y adivinanzas, y conversaciones espontáneas de todo tipo.

Para caracterizar el momento actual del contacto náhuatl-español en el Balsas, revisaré someramente su historia general (cf. Lockhart y Karttunen 1976; Lockhart 1992). Se postulan distintas etapas del contacto con determinadas características lingüísticas – indicadoras de los procesos de cambio y aculturación sociocultural. Para Lockhart (1992), la primera etapa incluye desde la llegada de los españoles en 1519 hasta máximo 1550. En ella prácticamente no existió ningún cambio en el náhuatl. La segunda etapa abarca hasta la mitad del siglo XVII e implicó el préstamo masivo de sustantivos españoles, sin mayor modificación de los demás ámbitos de la estructura de la lengua. La tercera etapa va desde 1640-50 hasta aproximadamente 1800 e implica una cada vez mayor influencia del español en el náhuatl, manifestando la expansión del bilingüismo – uno de los principales objetos de mi investigación.

Las características de las etapas son las siguientes (Lockhart 1992: capítulo 7). En la primera etapa, se trata de apenas una generación después de la invasión. Estos primeros años resisten al préstamo, a excepción de los sustantivos. Sólo encontramos identificaciones, circunlocuciones y extensiones de significado. El registro escrito estaba desarrollándose
– coincidiendo con el principio de la segunda etapa. Los censos de Cuernavaca son los únicos documentos conocidos que pertenecen plenamente a esta primera etapa. Aquí se produjeron identificaciones como kaalli
[5] {calli} « casa » o aakalli {acalli} « embarcación » para ambos objetos, nahuas y españoles. Cuando una palabra parecía no ser apropiada se producían circunlocuciones descriptivas, auténticos neologismos: neekwaaseewaalwiilooni {nequacehualhuiloni} « sombrero », tleekikiis-tli {tlequiquiztli} « arma », lit. « trompeta de fuego » (Lockhart, 1992: tabla 7.1., 266). Los neologismos, ya no tanto motivados por necesidades descriptivas, siguen en uso en funciones lúdicas, como retos puristas o como indicadores de la resistencia lingüística – por ejemplo, en las comunidades del Balsas en que la lengua tiene bastante vitalidad (e.g. Oapan, San Juan Tetelcingo) – encontramos los trabalenguas-adivinanzas tsiintsiinkiriantsiintsoonkwaakwa « tijera » o tsiintsiinkirianteenpiits-koon-tsiin « botella », o el reto purista tepostoonaltlaamaachiwa « reloj », o xoopilli « cuchara », la respuesta a una adivinanza (formas obtenidas por el autor a finales de los ochenta cf. Flores Farfán 1996).

En la segunda etapa[6], los sustantivos se toman en préstamo libremente. La clase con vacío aumenta vertiginosamente y se introduce el plural -s del español, aunque sólo con préstamos. Siguen ocurriendo transferencias o extensiones de significado (e.g. ichcatl « algodón » pasó a « oveja »), en verbos y sustantivos. Con éstos últimos pronto se prefirió el préstamo directo en contraposición al verbo. La nativización de las palabras es la regla. El hecho de que el préstamo se generalice es una indicación de un mucho mayor contacto entre el mundo hispánico y el nahua, con la consecuente generalización del bilingüismo, en una situación desde luego asimétrica. Constituyen un mapeo del impacto cultural sobre el mundo indígena (para una lista de los préstamos más comunes en esta etapa cf. Lockhart 1992: tabla 7.14, 291). Encontramos la emergencia de híbridos náhuatl-español que en la etapa previa solo se describían en náhuatl, e.g. en vez de mazacalli, lit. « casa de venado », tenemos ahora cahuallocalli, lit. « casa de caballo », para « establo ». Se produce asimismo la posibilidad de establecer ciertas especializaciones semánticas con base en la oposición entre el préstamo y la palabra nativa o la nativización del préstamo. Por ejemplo en esta etapa kristiano pasó a ser kixtiaano, « español » (hoy día « extranjero », y en ciertas comunidades « explotador », cf. infra), ikniw « amigo » (en el siglo XVI) pasó a « hermano » (hoy día en el Balsas). Muy pocos verbos, aunque de mucha importancia, comienzan a desarrollar nuevos significados, e.g. -piya de « cuidar » pasó a « tener », significado que se mantiene en las frases del náhuatl del Balsas de hoy día: kipiya matlaktli xiwitl « tiene diez años » o ye kipiyas se xihpan « ya tiene un año ». Estas frases no hubieran tenido sentido en tiempos prehispánicos. En el siglo XVI -piya-lia llegó a significar « deber », aunque después fue sustituido por wikilia, « deber », un significado que sigue teniendo hasta hoy en el Balsas.

En contraste con lo planteado por la teoría de fases para el náhuatl, en la actualidad en las comunidades y variedades más conservadoras del Balsas encontramos en uso palabras totalmente nativizadas, como es el caso de akoxa « aguja » y kixtiaano « gente » (cf. infra). De la misma manera, el verbo –piya, con la lexicalización del objeto indeterminado tla- « algo » en combinación con el aplicativo –(i)lia, aparte de « tener » también se sigue utilizando como « cuidar »: nochiiwian ooniaka teh, nowian tlaapiyalo « pues fui por todas partes, y por todos lados había vigilancia » (cf. Flores Farfán y Ramírez Celestino 1997).

En la tercera etapa se introducen formas como el agentivo -ero a través de dobles interferencias presentes ya a finales de la colonia (e.g. chil-ero « sembrador de chiles »; hoy en el Balsas tenemos tlawaanke-ero, « borracho », siwat-ero « mujeriego », etc.).. Aunque probablemente mucho más en la actualidad, se permite ya el préstamo de partículas que implican tanto la potencial transformación del patrón polisintético del náhuatl, hecho consumado hoy día en las variedades más hispanizadas (cf. Flores Farfán 1999 e infra), como la apertura a nuevas formas de argumentar o pensar, basadas en estructuras castellanas. Nuevos préstamos sin nativizar más una serie de identificaciones y/o calcos de estructuras castellanas al náhuatl (implica la integración de los sonidos castellanos otrora ajenos a la estructura del náhuatl), además de la integración de cualquier raíz castellana en verbos construidos con -oa . Es en esta etapa en que el sistema de parentesco se ve ya reorganizado en función del sistema castellano, adaptando lo que resultaba más diferente, resultado de un contacto cercano con el mundo hispano y la necesidad de interactuar con él de la manera menos conflictiva posible. Destaca la adopción de la terminología para hermanos y primos, la que reorganizó tajantemente la conceptualización de los parientes de la misma generación (cf. Lockhart 1992: capítulo 3). También se percibe un desgaste de la retórica basada en la deixis social prehispánica. Todos estos rasgos se constatan en el Balsas, aunque de manera mucho más pronunciada en las variedades más hispanizadas, en las que existen ciertas pérdidas a diferencia de las hablas más conservadoras (e.g. plural distributivo, la distinción animado-inanimado, etc.). Lo que cabe enfatizar aquí es que en el caso del Balsas encontramos simultáneamente formas que desde la perspectiva histórica se postulan como consecutivas, en función del continuo estado de flujo entre las variedades más o menos hispanizadas (cf. Flores Farfán 1999 y Cuadro II).

La cuarta etapa es sólo enunciada por Lockhart. Aquí se abre la posibilidad que se dé una comunicación en un español nahua entre ciertos sectores del mundo nahua – lo que ya ocurre en general en comunidades altamente hispanizadas como Maxela y Xalitla con los niños, los jóvenes y los adultos. Los de Xalitla a veces hablan con los Oapan en español, y desde luego entre los propios Xalitecos. Los de Oapan hablan mayormente en náhuatl entre sí. La presión por hablar una de las dos lenguas representadas por el polo más (Xalitla) versus el menos (Oapan) castellanizado produce situaciones en que se hablan las dos lenguas simultáneamente. Pero también se trata de interacciones en español con un fuerte adstrato náhuatl que puede dar lugar a una quinta etapa, en la que el náhuatl pasaría a ser lengua de sustrato, como ha ocurrido o está ocurriendo en muchas otras comunidades nahuas, no sólo de la región del Balsas. Dado que esto es lo menos estudiado, abundaré algunas de las características del español nahua aquí (cf. Cuadro I y Flores Farfán 1998, 1999).

Cuadro I

Algunas diferencias entre el español de Oapan y el de Xalitla

                                    Oapan                                                              Xalitla

Mayor nativización del español a la fonología y fonotáctica del náhuatl, e.g.:

A- Se constata la pérdida de -n_# final como en Don [do], dado que en náhuatl las nasales son las consonantes más inestables.

B- Dado que en el náhuatl la vocal [o] y la vocal [u] son alófonos del mismo fonema, se produce subdiferenciación fonémica: amigo [amiko] policía judicial [hodisial]

C- Las características que el náhuatl marca como fonémicas y que no existen en español producen fenómenos de sobrediferenciación fonémica. Dado que en náhuatl existe la cantidad vocálica y en español no, ésta se sobreimpone a los sustantivos españoles: melón [me.lo:n].

A nivel fonotáctico se produce la nativización del acento al patrón acentual grave del náhuatl, no sólo en substantivos Miguel [‘mi.kel] sino en verbos vayamos [‘ba.ya.mos].

Dado que el náhuatl no permite el diptongo a nivel de la sílaba, este tiende a suprimirse: aunque [anke], [unke], [onke].

En Xalitla se tiende a un español más estándar, por lo que se da mucho menor nativización del español a la fonología y fonotáctica del náhuatl e.g.:

- Hay retención de –n_# como en Don [don],

- poca o nula subdiferenciación: amigo [amito], 

- y sobrediferenciación fonémica: limón [li.'mon],

- nula adecuación al patrón acentual: Miguel [mi.'tel],

-         y mantenimiento del patrón fonotáctico castellano: aunque [aunke].

 

La concordancia de género se restructura en un nuevo sistema que incluye:

A- Concordancia de género basada en similitudes fonéticas: [raz-a barbos-a] « raza con barba »

B- Tratamiento del género con base en categorias nahuas:

B1- Gramaticales: hay un lengua zapoteca « Hay una lengua zapoteca ». Este fenómeno se deriva del uso del numeral náhuatl se « uno » como artículo indefinido

B2- Socioculturales: el violinisto « el violinista ». Este último ejemplo también nos habla de la sobregeneralización de –o como la marca masculina.

Menor restructuración de la concordancia de género:

A- raza barbada,

B1- hay una lengua zapoteca,

B2- el violinista

 

Se replica el patrón posesivo náhuatl de tercera persona del plural, en el que no se requiere concordancia entre el poseedor y lo poseído, como en español: su-s madre « la madre de ellos », calcado en in-nan[7].

Menor réplica del patrón posesivo náhuatl: su madre « la madre de ellos »

Simplificación del sistema de preposiciones del español

A- elisión Voy Xalitla « Voy a Xalitla »

B- alternancia Voy en Xalitla « Voy a Xalitla ». (El español tiene una clase de preposiciones mucho más amplia que el náhuatl)

Más usos estándar: Voy a Xalitla

Mayor loísmo i.e. uso redundante del pronombre clítico de acusativo del español lo con base en la réplica de la obligatoriedad de la marca de objeto, como: ¿lo quieres café? « ¿Quieres café? » parecido al náhuatl: Ø-ki-neeki-Ø siwaatl[8] « Quiere una mujer », lit. « lo/la quiere mujer ».

Menor loísmo e.g. ¿quieres café? , como en el español estándar, en el que la presencia del objeto en la frase verbal no requiere la co-presencia del clítico de acusativo.

Mayor réplica del sistema aspectual náhuatl: Está queriendo, parecido al náhuatl Ø-ki-nek-tok[9]  « Está queriendo »

Menor réplica aspectual: Quiere.

Serie de calcos con base en expresiones idiomáticas nahuas: Aquí ya tardamos, calcado de Nikan ye tiwekawi « Ya tenemos mucho tiempo aquí », Escucha castia, calcado de Ø-ki-kaki castia « Entiende el español », lit. « lo oye castia ».

Menos calcos: Ya tenemos mucho tiempo aquí.

Entiende el español.

Las fases se corresponden con la intensidad y frecuencia del contacto entre españoles y nahuas, dando lugar a la formación del bilingüismo, primero y sobre todo alrededor de la ciudad de México, históricamente cuna de las innovaciones. Hay que destacar que esta periodización puede y debe matizarse en función de:

(a) Diferencias locales en las que podemos por ejemplo encontrar comunidades muy aisladas en las que no se aplica mecánicamente la periodización. Por ejemplo, en Oapan todavía existe un fuerte monolingüismo náhuatl y para esos sectores el hablar español es todavía una realidad bastante ajena. Es decir, existen sectores monolingües que en mayor o menos medida presentan características de lo que serían etapas tempranas del contacto.

(b)Diferencias en términos de la variabilidad de hablantes que podemos reconocer, sensibles a un amplio rango de variables como la edad y el sexo, el grado de escolaridad o castellanización, así como los usos a los que se somete el material bilingüe para producir una serie de efectos discursivos (cf. infra).

(c) Distintos tipos de géneros discursivos, que hacen poco comparables los textos, resistiéndose a ser encajonados cronológicamente, de manera lineal.

Es decir, las diferencias regionales, individuales y textuales presentan discontinuidades importantes en las que, incluso en una misma región, se perfilan distintos momentos del contacto. Este es precisamente el caso del Balsas. Al comparar la comunidades de Xalitla o Maxela – en donde el pasaje hacia el español como lengua primaria está ocurriendo, lo que correspondería a la cuarta e incluso quinta etapa – y comunidades mucho más aisladas como Oapan, Analco o Tula del Rio – que se encuentran en todo caso en una tercera e incluso, como sugieren mis ejemplos, en cierto ámbitos lo que correspondería a una segunda etapa. Como he sugerido, hay que añadir que en estas últimas etapas también reconocemos variedades altamente hispanizadas, tal como las que se hablan en Xalitla (cf. Cuadro II para las diferencias más notables entre Oapan y Xalitla).  

Cuadro II

Diferencias más Significativas entre un Náhuatl menos y uno más Hispanizado

                                    Oapan                                                              Xalitla

Mayor productividad de la cantidad vocálica:

apaachiiwise (H18)

Menor o nula productividad de la cantidad vocálica:

tiapachiwiske « Nos inundarán » (H1)

Pérdida o debilitamiento de /n/ -> Ø /_#:

ichan [iichaa], [iichaah] « su casa »

ipan [iipa], [iipah], « sobre, encima », « en »

Retención de /n/ /_#:

ichan [ichan], « su casa »

ipan [i(i)pan] « sobre, encima », « en »

Mayor nativización fonológica:

akoxa « aguja »

Menor nativización fonológica:

aguja « aguja »

Retención de nexos del clásico:

ii-pan, « sobre, encima »

ii-waan, « junto, con »

Innovaciones:

pan, « sobre, encima »

waan « junto, con ».

Presencia del saltillo como pluralizador:

kichiiwa-h « hacen »

Convergencia con el pluralizador español:

kichiiwaa-n « Hacen »

Naturaleza más polisintética:

Ø-tlaxkaal-chiiwa [10] « Hace tortillas »

no-tlasol-siwaa-tsiin[11] « mi amada esposa »

Naturaleza más analítica:

Ø- ki-chiiwa-Ø- Ø-tlaxkalli « hace tortillas »[12]

no-siwaa-w akin ni-k-tlasotla[13] « mi amada esposa »

Más léxico nativo (e.g. del clásico):

in n-axka « Esto es mi propiedad », in no-tlatki « Esto es mío », iwe « en verdad »[14].

Menos léxico nativo y un mayor uso de circunlocuciones para el posesivo:

in de newa « Esto es mío ».

Retención de formas reverenciales:

oo-Ø-no-miki-li-Ø[15] « Murió » (Reverencial)

Ausencia de formas reverenciales: oo-Ø-mik-Ø[16] « Murió »

Menos uso de partículas españolas

Más uso de partículas españolas, sobretodo de, pero y para

Menos préstamos y cambio de código

Más préstamos y cambio de código

La quinta etapa se caracteriza por el hecho de que la lengua primaria – cuando no materna – de la comunidad es el español, con lo que asistimos a la consumación del proceso de sustitución lingüístico. Es decir, se perfila la posibilidad de que emerja un nuevo monolingüismo – en lengua castellana desde luego. El proceso de generalización del bilingüismo, tanto en las comunidades más conservadoras como en las más hispanizadas implica la emergencia de una serie de gradientes que incluyen distintos tipos de hablantes: los cuasi y los pseudohablantes. Mientras que el cuasi hablante entiende pasivamente la lengua y puede actuar en consecuencia, el pseudo hablante sólo pretende, por razones coyunturales, hablarla(s). Sin embargo, en etapa actual también estamos ante la posibilidad de la emergencia de un movimiento de revitalización lingüística y cultural. Ahora bien, las características más sobresalientes desde el punto de vista de una descripción abstracta de los efectos interlingüísticos son las siguientes (como sugeriremos, éstas se distribuyen diferencialmente en función de distintas variables).

Cuadro III

Las Influencias Más Significativas Entre El Náhuatl y El Español

Náhuatl                                                                     Español

Nuevas distinciones fonológicas pueden comenzar a aparecer:

(a)   /o/ vs. /u/: muwi « tener miedo » vs. mowi « tu camino ») (cf. Amith 1991) o ya están integradas:

 

(b)  -maka « dar » vs. maga « pegar », (la g ya puede aparecer en cualquier contexto: paulatina integración al sistema)

 

(c)  en los préstamos: fiero « feo » vs. fierro « fierro (metal) ».

(d) Número: aumento de la clase con vacío: todos son préstamos; simplificación de las distinciones de absolutivo vs. posesivo en el nombre: tiamigo-s « Somos amigos » (J11), titovale-s « Somos amigos » (H11), toamates « nuestros amates" (H17); oomitstleko-kaan « Te montaron »; ya-n « Van »; xiya-n « ¡Vayan! ».

(a)   Subdiferenciación: [o], [u]: cumu tipubres « Como somos pobres » (H11) (gubierno, vucal, butella, pullo, puru. « gobierno, vocal, botella, pollo, puro ». (La [o] llega a sustituir a otras vocales sorofin « Serafín » H11).

(b)  [g], [k]: amiko « amigo » (S14) (mucho menos frecuente que la integración de la distinción /k/ - /g/ que se ve en náhuatl, e.g. -maka « dar » :
-maga « golpear »).

(c)  Sobrediferenciación: imposición de la cantidad vocálica: limoon (patrón acentual náhuatl). (H11).

(d)  Hipercorrección: bastia « pastilla », megor « mejor » (H11)

(e)  Sustitución: Miyel « Miguel » (H11)

Fonotácticas: anke « Aunque » (H18), Isaguro « Isauro », regunion « reunión » (H1), quilavo « clavo » (H11), polatano « plátano » (H16), fabica « fábrica » (H11), skiera, kera « tan siquiera ».

(e) Posesivo: chaan Sebio « en casa de Eusebio » (H11); i-tiro « de a tiro »

Transferencia morfológica: -ero: tlawank-ero « borracho » (H17).

(f) Tiempo: el futuro –s se identifica con el infinitivo: kipia para ya-s « Tiene que ir » (semeja la construcción verbo de necesidad + para INF del español), y con el presente: ye kipias nawi xihpan « Ya tiene 4 años » (H12); ¿tlin para tikilli-s? « ¿Para qué lo quieres? » (H12), o el condicional: pero tikoni-s « Pero vas a tomar [alcohol] » (H11).

(g) Sintagmatización: Por ejemplo un de newa lit. « Ese es mío » (H11) por naxkaw « Es de mi propiedad » (J13); nemi tekipanowaa (H14) por tekipanoo-ti-nemi « Anda trabajando » (H15) ¿ka tikkwas sopa? (H14) por ¿x-tikkwas sopa? « ¿No comes sopa? »

(h) Utilización del orden predominante del español (SVO), más otros recursos (plural -keh) para desambigüar el acusativo del dativo: see tlakatl yoookimomotso-owili-keh see siwaatl « El hombre desgarró la ropa de la mujer » (H11).

(i) Emergencia de usos atributivos de verbos nahuas: nemi, neesi, yaw, -neki, kalaki, « Vive », « Aparece », « Va », « (raíz del verbo) querer », « Entra » e.g.: ya yooyaw tonalle « Ya se fue el día » (H16).

(j) Adopción de un gran número de nexos del español (para, pero, de, etc.)

(k) Aparición de nexos nahuas análogos a los del castellano, e.g. la marca exhortativa náhuatl maa « Que! » funcionando como partícula relativa, análoga al que del español en: maa newa nokaltsosoltsiin « (Es) que mi casa es vieja » (H13); las pseudo preposiciones se vuelven verdaderas preposiciones: i-wan, « y » i-pan « sobre, en » ® wan « y », pan « sobre, en ».

(i)    Morfosintácticas: elisión o alternancias de la cópula (en náhuatl ésta prácticamente no existe lexicalizada): ¿De quien este? « ¿De quién es éste? » (H2), No soy de acuerdo « No estoy de acuerdo » (H12), Es prohibido meterse allá « Está prohibido meterse allá » (H12), Fuimos hartas las mujeres « Estabamos hartas las mujeres » (H15).

(j)    Falta de concordancia de número (en náhuatl la concordancia de número, o no es obligatoria, o el singular puede repre-sentar al plural o viceversa): Aunque no lo metan todos « Aunque no metan a todos » (H14); ¿Y ese qué son? « ¿Y esos que son? » (H14); reduplicación (pluralizar es una de las funciones de la reduplicación en náhuatl): bo-bolitas (H11), son los numerales que pluralizan en náhuatl : cien peso « cien pesos » (H11); su-s problema « su problema de ellos » (H17), su-s casa « su casa de ellos » (H11) (Cf. Cuadro I);

(k)  Género, un nuevo sistema: total indiferenciación: el conasupo « la tienda CONASUPO »; concordancia con base en eufonía: ras-a barbos-a (H17); reinterpretación a partir de categorías nahuas: un mula « una mula » (H18); restricciones socioculturales: el violinisto « el violinista » (H15) (Cf. Cuadro I).

(l)     Réplica aspectual: Está queriendo « Quiere » (H17)

Modo (en el náhuatl las vocales de la raíz verbal no se modifican al pasar del modo indicativo al optativo): No le echas la culpa a D. « No le eches la culpa a D. » (H15)

Preposiciones: elisión: Díselo Juan « Díselo a Juan » (H17); sustitución: ¿Qué haces a Holanda? « ¿Qué haces en Holanda? » (H11); reintepretación: Yo creo que se va a buscar el novio « Yo creo que se va a buscar al novio » (H12); hipercorrección: Que haga el digno de favor de presentarse en su domicilio « Que haga el favor de presentarse en su domicilio » (H12).

Loísmo: acusativo redundante: Yo lo conozco su hija « Yo conozco a su hija » (H11); lo por le: …Lo platicó nada más a César « Le platicó nada más a César » (H11); dos por uno: Los vas a ir poniendo las botas « Te vas a ir poniendo las botas » (H17); lo como artículo definido: Por lo momento… « Por el momento... » (H11).

(l) Un gran número de préstamos integrados (mayor que en el caso del español, incluso regional) y generalización de préstamos ocasionales en una función análoga al cambio de código (lo que llamo cuasi-cambio de código cf. Flores Farfán 1999): tohijo, « nuestro hijo » ¿Keech importaroa un? « ¿Cuánto cuesta ese? » (H21); de ke vs. de gue vs. tla, todas variantes de la forma condicional si.

En el léxico se constata un número considerable de arcaísmos del español. Ejemplos: almud « unidad de medida agrícola », barreta « instrumento agrícola », culantro « cilantro », de presto « rápidamente », moza « novia, amante », silleta « silla », etc.. A mayor vitalidad de la lengua náhuatl más arcaísmos, y viceversa.

Calcos: tlaxtlaawi « Gracias » xtla tlinoon « de nada »; Ma Dios mitstlaxtlaawa « ¡Que dios te lo pague! »; ¡Xchiwiili loocha! « ¡Hasle la lucha! »; Timotaskeh « Nos vemos »; ¿Kenoon tikiita? « ¿Cómo ves? » (H17); Xtla kwidado « No hay cuidado » (H15); ¡Kataak chingados de ke ka! « ¿Cómo chingados no? » (H17).

Calcos: Aunque pues « Adiós, no importa, que así sea » (calcado de maaske te « Adiós, no importa, que así sea »); Me da para abajo « Tengo diarrea » (calcado de Nikpia para tlatsiintla « Tengo diarrea » (H12); agua grande « río creciente » (calcado de weeyi aatl « agua grande » (H15); escuchar « entender » (calcado de –kaki « oir, escuchar »): ¡Como no escuchan nada de español! « ¡Como no entienden el español! » (H22); poder « ser capaz » (calcado de weli « poder »):…no puedes el mexicano « ...no eres capaz (de hablar) mexicano » (H11); tardar « estar mucho tiempo, dilatarse » (calcado de wekkawi): Aquí ya tardamos « Ya estuvimos mucho tiempo [viviendo] aquí » (H12).

Al aterrizar estos rasgos en términos de la diferenciación sociolingüística – lo que se trata de proveer a través de las claves de hablantes que aparecen como apéndice –, podemos identificar distintos grados de castellanización tanto a nivel de las comunidades (e.g. Xalitla vs. Oapan) como internamente a las mismas, en función de variables como la edad, el sexo, la educación o el tipo de texto (sensibles a las condiciones de interacción en las que se obtuvo el material). Tómese como ejemplo el continuo xapoon - haboon - jabón « jabón ». Las diferencias en nativización entre estas tres palabras resultan indicativas tanto de la variable generacional, la geográfica, y la diacrónica. La primera se considera la forma más antigua, y por lo tanto representativa del náhuatl más conservador (i.e. el de Oapan), y/o el de los ancianos, aunque en realidad sea una nativización reciente. La segunda remite a pueblos más castellanizados, como Xalitla, y generacionalmente al interior de esta comunidad representa el habla de los ancianos, o por lo menos la más náhuatl, en contraposición al préstamo sin nativizar jabón. Otro uso que nos indica una (re)apropiación (purista o no) es el presentar la forma xapoon o haboon « jabón » precisamente como la forma náhuatl, aunque esta derive del español, como en el consabido ejemplo de tomin « dinero », un préstamo plenamente integrado desde por lo menos el siglo XVII.

Destaca también el que los efectos que pueden considerarse inconscientes (recuérdese la definición de transferencia) se llegan a manipular conscientemente para producir efectos discursivos (cf. la definición de (cuasi) cambio de código Flores Farfán 1999). Por ejemplo, H11, un pseudo-hablante del náhuatl, uno de los líderes más combativos de la comunidad de Xalitla, al interactuar con hablantes del náhuatl, deliberadamente utiliza formas no estándar para generar una suerte de identificación de grupo y cerrar la brecha que en la práctica lo separa de estos hablantes. En el siguiente ejemplo nótese el uso de plurales junto a sustantivos en singular, lo cual resulta agramatical en español, siendo calco de la forma de pluralizar en náhuatl:

H11: ….lleven su-s flor, su-s atole

(En náhuatl la forma sería in-xochiw, in-atol lit. « la flor de ellos, el atole de ellos ».)

De manera análoga, en una asamblea en torno al problema de la presa, H11 emblemáticamente cambió al náhuatl para generar empatía con sus interlocutores, utilizando incluso una forma que se considera del náhuatl « de antes » (iksan « de antes, antiguo »), por lo menos en Xalitla, consistente en la metátesis del prefijo imperativo xi ® ix-:

H11: …ixnextlanexti mosilletita… «Préstame tu silletita »

H11 generaliza este uso emblemático a ix-.como negación:

Tiapachiwiske nanika ix-melak nochime ix-melak tikneki ma tiapachiwikan…

« Nos inundarán aquí. ¡No es verdad que nosotros queramos que nos inunden! »

Esto muestra que lo que Hill (1997: 88) ha sugerido para el español es también válido para el náhuatl:

Las múltiples formas que adquiere el español en las Américas en un período superior a los 100 años de contacto lingüístico provee materiales semióticos que los hablantes reinvertan con significados y nuevas formas históricas, reciclando y rejerciendo constantemente los resultados de centurias de cambio y variación para constituir nuevas « voces » dentro de los arreglos de poder cambiantes. (Traducción mía).

A este respecto también entre otros la vitalidad de los cuentos y las adivinanzas nahuas en Oapan y la región conforman un bastión de la sobrevivencia y continuidad lingüística y cultural (cf. Amith 1997; Flores Farfán 1996, 1997), y no sólo una curiosidad folklórica. Su desuso en Xalitla corresponde entre otras cuestiones a la intrusión de los aparatos castellanizadores primero ahí, con el consecuente desplazamiento del náhuatl.

Ejemplos de apropiación y extensión del repertorio léxico del náhuatl en función de préstamos del kastia’ « el idioma español » incluyen el uso de formas nativizadas versus no-nativizadas, no sólo del náhuatl del Balsas, sino en el de por lo menos Morelos, como el ya referido de kiixtiaano « explotador » versus kristiano « miembro del grupo de referencia, uno de nosotros, gente ». Otros ejemplos contemporáneos son la forma con la fonología náhuatl: tecuhtli « jefe » (derogativo) versus sus nativizaciones al español teuhtli or teuhtle « señor » (honorífico) en el Balsas y en otras variedades centrales del náhuatl contemporáneo. O el contraste entre koyotl « mestizo » (derogativo) y mexicanero « miembro del grupo de referencia, uno de nosotros », en la Huasteca, la Sierra Norte de Puebla o la Malinche (cf. Hill and Hill 1986) y desde luego el Balsas. Estas parejas de antónimos funcionan como una ventana terminológica que elocuentemente habla de los procesos de (re)apropiación o (re)emergencia de voces que interrumpen la visión predominante que concibe a las lenguas indígenas como « empobrecidas », « corrompidas », « contaminadas », « mezcladas », etc.; una fuerza que también se materializa en náhuatl negativamente en expresiones que se valen de la permisividad de la incorporación morfológica a la que se sujeta cualquier préstamo castellano. Por ejemplo, para la Malinche Hill y Hill (1986) evitan el uso de mezclado, precisamente por la connotación negativa que hoy en día tiene en la economía política del uso de los préstamos en esta región de Puebla-Tlaxcala, donde también reportan el uso altamente negativo de revuelto.

Otra interesante ilustración de apropiación y reivindicación del préstamo –plenamente integrado en el repertorio de los nahuas del Balsas–, es el caso del uso de indio, normalmente una forma peyorativa en el español de México, como sustantivo poseído en el náhuatl del Balsas, y referido tanto al idioma náhuatl como a la identidad indígena. Es decir, estamos ante una fusión o si se quiere identificación de la palabra indio con la palabra idioma, lo que da indioma « el idioma de los indios »:

Mela nikwelita ika tiweli to-indioma

« En verdad me halaga que hables nuestro idioma ». (H23, febrero, 1997).

Si bien para llegar a una caracterización semejante se requiere un primer análisis gramatical del náhuatl desde un punto de vista abstracto, esto implica un problema metodológico: las sucesivas reducciones de la lengua sólo constituyen un paso heurístico que no debería confundirse con la realidad material de la lengua en su manifestación empírica, contextual, local. Se trata de poner en relación texto y contexto, algo que sólo he tratado de sugerir aquí. En este sentido, no hay duda del valor y los aportes de las teorías de fases del contacto como herramientas extremadamente útiles para la caracterización del desarrollo de la incorporación del material español a las lenguas indígenas. De cualquier manera, el uso de fenómenos como los neologismos, las « excepciones » o « desviaciones » en diversas lenguas indoamericanas constituyen un reto importante a estas caracterizaciones, un tema de investigación todavía poco explorado hoy en día, tanto en el uso del náhuatl moderno como en los documentos nahuas. En palabras de Hill (1983) es gracias a las periodizaciones de las teorías de fases (cf. Karttunen and Lockhart 1976) como la examinada brevemente aquí (Lockhart 1992) que :

...hoy en día contamos con una explicación sistemática de la influencia e impacto del español en el náhuatl. Este logro nos provee con un marco de trabajo general para empezar a enfrentar los significados empíricos, locales y contextuales que los hablantes negocian activamente en usos específicos en un amplio rango de variación, algo que puede convertirse en un objetivo importante para entender cómo los hablantes luchan por resistir contra la amenaza potencial de la extinción lingüística y cultural. (Hill 1993: 108, traducción mía).

Así, estaremos en mejores condiciones no sólo de entender las maneras en las que los hablantes enfrentan la amenaza de extinción de sus lenguas y culturas, sino de desarrollar propuestas que coadyuven a fortalecer esfuerzos de revitalización, mantenimiento y desarrollo lingüístico y cultural, proyecto en el cual actualmente nos encontramos empeñados (cf. Flores Farfán 1999a).

 


Referencias

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1999  Política del Lenguaje y Planificación para los Pueblos Amerindios. Ensayos de Ecología Lingüística, Francfort/ Meno: Vervuert.

 

 



[1]     Es extremadamente difícil y debatible establecer el número de lenguas indígenas mexicanas. Las estadísticas siempre dependen de instancias políticas, como la necesidad de justificar presupuestos (e.g. traducir la Biblia). Krauss (1992), basado en Grimes, estima que Mexico tiene unas 300 lenguas. (comparar con las 100 lenguas mencionadas por Suárez (1983) o la figura oficial de 62 lenguas).

2     Es difícil hablar de una estabilidad bilingüista en México cuando la amenaza de la extinción linguística es permanente (Flores y López 1986).

[3]     La sociolingüística mexicana de los conflictos comenzó en los 80s. Por otro lado, se desarrolló la (socio) lingüística antropológica (cf. Flores and López 1986). Aún cuando la sociolingüística del conflicto ha contribuido a entender la situación de la lenguas de México, carece de una propuesta para revertir las asimetrías del desplazamiento. Por el contrario, el rol del español en estas investigaciones de hecho contribuye al mismo. En este sentido, la definición del concepto de diglosia se cuestiona como limitado para capturar la complejidad de las lenguas mexicanas (cf. Flores Farfán 1999).

[4]     El amate es una suerte de « papel » hecho de la corteza del árbol del mismo nombre que los nahuas compran a los otomíes de la Sierra Norte de Puebla y que pintan con historias de su vida cotidiana y ritual, además de con motivos más decorativos, que ha resultado muy popular no sólo en México sino más allá de sus fronteras. Es precisamente el amate la primera mercancía que se volvió tan exitosa que logró producir el bienestar económico aludido y que impulsó los pueblos a continuar con su producción a gran escala y a experimentar con nuevas artesanías, un proceso vigente hasta la fecha. (cf. Amith, 1995). El comercio es una actividad tan importante para estos pueblos, que es posible encontrar vendedores nahuas itinerantes prácticamente en cualquier centro turístico del país.

[5]     La escritura que utilizo para el náhuatl es fonémica, y difiere de la escritura del clásico en que esta última está mayormente basada en la tradición escrita del castellano, mientras que la del moderno busca apegarse a la estructura de organización del sonido propia de la lengua moderna. Esto permitirá al lector no sólo diferenciar las formas del náhuatl clásico de las del moderno, sino asomarse a entender la fonología de las variedades dialectectales en la que está basada la propuesta de escritura del náhuatl del Balsas. Para una explicación más detallada véase Flores Farfán y Ramírez Celestino (1997, 1998) o Flores Farfán (1999). Las formas que se citan del clásico y que aparecen entre llaves {} provienen de Lockhart (1992). Las demás formas fueron obtenidas por el autor a finales de los ochenta y principios de los noventa.

[6]     El vocabulario de fray Alonso de Molina es la fuente más importante para la segunda etapa, si bien también presenta elementos de la primera, como es el caso del complejo semántico de masatl: {mazatl} (Lockhart, 1992: 271), que en los primeros momentos del contacto se llegó a utilizar para denominar el caballo.

[7]     3PPos.Plr-Madre-Pos.sing.

[8]     3P.Suj- 3PObj.-Querer-Pres.sing.  Sustantivo. Nótese la co-presencia de la marca acusativa (ki-) con el sustantivo "Mujer".

[9]     3Psing-3PObj-Querer-Pres.Continuo

[10]   3Psing-Tortilla-hacer-Pres.sing.

[11]   1Ppos.sing.-Amada-Esposa-Rev.sing.

[12]   3Psing-3Pobj.-Hacer-Pres.sing. 3Psing-Tortilla.

[13]   3Psing-1PPos.-Mujer-Pos.sing. + Relativizador + 1Psing.-3PObj.-Amar-Pres.sing.

[14]   En clásico ihui significaba « así ». Su uso en las comunidades del Balsas remite a afirmar con contundencia « En verdad », e.g. ka iwe « así es en verdad », i.e. « sin lugar a dudas » (H11).

[15]   Perfecto-3Psing.-Reflex.-Morir-Apl.-Perfecto.sing.

[16]   Perfecto-3Psing.-Morir-Perfecto.sing. Nótese cómo la ausencia de la combinación Reflexivo-Aplicativo produce una forma neutra (no reverencial) en Xalitla.