Amerindia n°24, 1999

Origen y uso del fuego

mito recogido entre los tehuelches araucanizados de la patagonia argentina

Ana FERNANDEZ GARAY y Graciela HERNANDEZ

UBA y UNS / CONICET

Primera parte[1]   

1. Introducción

1.1. Objetivo

El presente artículo tiene por finalidad dar a conocer un relato mítico sobre el origen y uso del fuego, recogido en febrero de 1998 de boca de Alberto QUILCHAMAL, perteneciente a la etnia tehuelche, y miembro de la comunidad indígena que hoy habita la reserva "Manuel Quilchamal", al SO de la provincia de Chubut, en la Patagonia argentina. El texto del mito es presentado en lengua mapuche o araucana con su traducción al español.

En nuestro texto, el dueño del fuego es un pequeño saurio -el matuasto[2]- al que le disputan la propiedad de este bien fundamental para la supervivencia. El narrador vincula este mito con el del origen y duración de las estaciones, ya que el control del fuego y la regularidad de las estaciones hicieron posible que los tehuelches vivieran en Patagonia, cocinaran sus alimentos y contrarrestaran el frío.

1.2. Localización de la comunidad

La comunidad "Manuel Quilchamal" se encuentra ubicada en el Departamento Río Senguerr, al SO de la Provincia de Chubut, en la Patagonia argentina. El pueblo más cercano es Ricardo Rojas, que se halla a 20 kms de la comunidad y a 78 kms de Río Mayo, el pueblo más importante de la región. La reserva, atravesada por el río Chalía, posee agua y pastos abundantes para la cría de animales.

En febrero de 1916, el Gobierno Nacional otorgó un permiso de ocupación precaria al cacique Manuel QUILCHAMAL sobre las 60.000 Has de tierras fiscales que conformaron la reserva que desde entonces lleva su nombre. En 1990, ya reducida a 33.000 Has, la reserva fue entregada en propiedad comunitaria a los aborígenes que hoy la habitan, por medio de un decreto firmado por las autoridades provinciales. Actualmente consta de 24 puestos o viviendas, aunque algunos se hallan temporariamente deshabitados.

En cuanto al tipo de administración, se rigen por el sistema de cacicazgo. El cacique actual es Luis Quilchamal, nieto de Manuel e hijo de José Manuel Quilchamal. Sin embargo, muchos miembros del grupo desconocen su autoridad. Esta organización intracomunitaria tan conflictiva se debe, en principio, al origen diverso de los componentes del grupo. Algunos se consideran descendientes de tehuelches, otros de mapuches o araucanos venidos de Chile, aunque hay también familias de origen manzanero provenientes de la región de Las Manzanas en Neuquén. La lengua que se habla en la comunidad es el mapuche o araucano.

1.3. La familia Quilchamal

Nos centraremos en la familia de nuestro informante pues nos interesa destacar el grupo étnico con el que se identifican. Ellos se consideran tehuelches. Sin embargo, el término tehuelche designa un vasto complejo (ESCALADA, 1949) que se extendió desde el norte de la Patagonia hasta Tierra del Fuego. Según ESCALADA el complejo tehuelche abarca:

Continente                         Los gününa küne, que hablan el gününa iájech, en el norte.

                        Los chewache kenk, que hablan teushen, en el centro-oeste.

            Los aonikenk, que hablan aoniko áish, en el sur.

Tierra del Fuego                        Los selknam (onas).

              Los manekenk (haush).

El grupo chewache kenk, el descubrimiento más importante de ESCALADA, es conocido por este autor a través de Agustina QUILCHAMAL, su principal informante. De dicho grupo procede la familia de Agustina por vía paterna (ESCALADA, 1949: 77).

La clasificación de ESCALADA es revisada más tarde por CASAMIQUELA. Para este investigador, los chewache kenk de ESCALADA son tehuelches septentrionales o gününa küne (CASAMIQUELA, 1965: 33).

Según este autor los tehuelches continentales se dividen en septentrionales (entre el río Negro y el río Chubut) y meridionales (entre el río Chubut y el Estrecho de Magallanes). Cada una de estas parcialidades se subdivide a su vez en boreales y australes.

Los tehuelches septentrionales boreales serían los que hablaban el querandí, lengua prácticamente desconocida y supuestamente emparentada con el gününa küne. Se habló desde la región del Río de la Plata al este, hasta Córdoba, San Luis y Mendoza al oeste. Desaparecieron a principios de este siglo sin dejar huellas.

Los tehuelches septentrionales australes o gününa küne  hablaban el gününa iájech. En los tiempos históricos recorrían el sur de la provincia de Buenos Aires, el sudeste de La Pampa, el sur de Mendoza, Córdoba y Santa Fe, hasta la provincia de Chubut e incluso el norte de la provincia de Santa Cruz. Resistieron a los mapuches o araucanos venidos de Chile, pero, poco a poco, comenzaron a recibir sus influencias. Los manzaneros de Neuquén pertenecerían, según CASAMIQUELA, a este grupo.

Los tehuelches meridionales boreales, que ocupaban la zona comprendida entre el río Chubut y el río Santa Cruz, hablaban el teushen, lengua extinguida hacia fines del siglo pasado.

Los tehuelches meridionales australes, se hallaban ubicados entre el río Santa Cruz y el Estrecho de Magallanes. Este grupo habla todavía el aonek'o 'a'jen, lengua en proceso de extinción.

Ya hemos mencionado a los mapuches o araucanos, originarios de Chile, más específicamente de las regiones comprendidas entre los ríos Bío Bío y Toltén. La cultura y la lengua de estos aborígenes comenzaron a traspasar la frontera andina y alcanzaron las regiones de la Pampa y la Patagonia argentina hacia el siglo XVII, dando lugar a lo que se denominó el "proceso de araucanización" (Cf. CEBALLOS, 1972; NARDI, 1985) de los grupos autóctonos argentinos. Al comienzo del siglo XVIII, los grupos mapuches venidos de Chile se instalan en la Pampa (al norte de la Patagonia). El proceso de araucanización se acentúa y lleva a la pérdida de algunas lenguas y culturas de los grupos establecidos sobre la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes.

Ahora bien, el mismo ESCALADA dice en su libro que los tehuelches septentrionales habrían llegado hasta el centro y oeste de Chubut (ESCALADA, 1949: 46). AGUERRE (1990-92: 166), basándose en datos recogidos entre los mismos aborígenes y en CASAMIQUELA, avala la propuesta de este autor, confirmando el origen tehuelche septentrional austral de los chewache kenk de ESCALADA, y va más allá de lo que plantean este autor y CASAMIQUELA al proponer como límite sur de la dispersión de este grupo la cuenca del río Pinturas-Deseado, es decir que prácticamente habrían llegado en sus desplazamientos hasta el norte de la provincia de Santa Cruz.

Sin embargo, CASAMIQUELA, en un texto posterior (1988: 63) se refiere a los QUILCHAMAL como tehuelches meridionales boreales, y no como septentrionales.

No debemos olvidar el contacto permanente y los matrimonios mixtos que existían entre los distintos grupos tehuelches y entre éstos y los araucanos. El mismo ESCALADA nos dice que el tatarabuelo de Alberto QUILCHAMAL, nuestro informante, después de haber sido tomado prisionero y convivido unos años con la tribu de PAILLACÁN (manzanero o tehuelche septentrional austral según CASAMIQUELA, y ya para entonces hablante de araucano), fue liberado y, con su gente, volvió al sur donde se unieron a una tribu tehuelche meridional austral.  

Sean tehuelches septentrionales australes o tehuelches meridionales boreales, lo importante es que se identifican como tehuelches, y que la lengua que hablan es el mapuche, aunque también recuerdan palabras de los tehuelches meridionales australes, es decir el aonek'o 'a'jen y no el teushen o el gününa iájech, ya extinguidas y posiblemente habladas por los antepasados de nuestro informante.


1.4. Situación lingüística actual de los aborígenes de la reserva "M. Quilchamal"

Un relevamiento lingüístico llevado a cabo en 1991 en el lugar, arrojó resultados desoladores en lo que hace al mantenimiento de la lengua tehuelche o aonek'o 'a'jen. Solamente dos ancianas de aproximadamente 80 años (una de ellas ya fallecida) recordaban algunas palabras en dicha lengua. En cuanto al mapuche, lengua que remplazó al tehuelche a partir de fines del siglo XVIII (ESCALADA, 1949:  261) en la zona habitada por los QUILCHAMAL, está siendo completamente sustituida por el español. Los datos de 1991 arrojan solamente un 17,65% de bilingües coordinados de mapuche/español. La encuesta no consideró a los niños ni a los jóvenes de hasta 15 años por ser todos monolingües de español; esto disminuiría el porcentaje de bilingües coordinados aumentando el de los monolingües de español. Además, desde entonces a la fecha, han fallecido algunos ancianos y adultos que hablaban el mapuche con diverso grado de eficiencia. Podemos afirmar, pues, que el dialecto mapuche de esta comunidad se halla en un proceso avanzado de pérdida, con lo cual aquéllos que colaboraron con nuestro trabajo son en realidad semi-hablantes (DORIAN, 1977: 23-32) de mapuche.

1.5. Informante

El texto mítico que presentaremos más adelante fue narrado por Alberto QUILCHAMAL, uno de los hermanos del actual cacique. Alberto y su hermano descienden directamente de Manuel QUILCHAMAL. ESCALADA presenta el cuadro genealógico de los QUILCHAMAL, que transcribimos a continuación, adaptándolo para nuestro informante

Guetchanoche (g.küne o teushen?)                            Huenuchem (manzanera)

└────────┬───────────────────────────┘

Iaukgooche                                Casimira Chántepel (aonek'enk)

└────────────┬──────────┘

Manuel Quilchamal                   María Saynahuel (aonek'enk)

└─────┬─────────────┘

José Manuel Quilchamal                             Julia Juancel (aonek'enk)

└───┬──────┬──────┬─────┬───┘

Mauricio                        Alberto                        Luis                        Yona[3]

1.6. Recolección del material

El texto fue grabado en cinta magnetofónica por Alberto QUILCHAMAL en febrero de 1998. El mismo fue posteriormente desgrabado y traducido al español con su ayuda. A fin de controlar los datos, se volvió a desgrabar y a traducir, esta vez con la colaboración de Dominga COPOLQUE, perteneciente al grupo tehuelche de la misma comunidad. 

1.7. Presentación del texto

El texto fue dividido en frases, separadas por el signo #.Las pausas más breves se señalan con //. Los puntos suspensivos [....] indican confusión por superposición de voces o confusión, e imposibilidad de desgrabar el texto.

La notación es fonológica y la traducción intenta ser lo más cercana posible al texto original.

2. TEXTO: Origen y uso del fuego

1.    trafia[4] akuy fem  kiñe  kiñe mara // kirke  ta  ti  müli // kütraltüli#

"Así llegó una… una liebre en la tarde; estaba el matuasto; estaba haciendo fuego"

2.    tüfi  mara añemtüli  epu  kuü añemtüli#

       "La liebre[5] se estaba calentando las dos manos, se estaba calentando"

3.    kimnolu utranentuy  utranentuy  kütral#

        "Cuando (el matuasto) no se dio cuenta, (la liebre) le sacó, le sacó el fuego"

4.    lesmawi#

        "Huyó (la liebre)"

5.    choyke  inayu  tüfi  mu  müli#

       "Un ñandú[6] estaba ahí, la siguió"

6.    choyke komüteneyu  //  inayu kom püle  mara rüngan  mo#

        "El avestruz la miró;  siguió a la liebre por todos lados hasta la cueva".

7.    mara may ta choyke pünoküleneyu tüfi mu may ta chayi antü motrokülenkülewi  pichi  mara#

"El avestruz, pues, le pisó la cola a la liebre, por eso hoy día la liebrecita quedó con la cola mocha".

8.    kirke may  ta  komütuli#

        "El matuasto estaba mirando"

9.    küpalüy  ti  kütral pieyo#

       "Le dijo (a la liebre) que trajera ese fuego"

10.  tewelche   komüy //  ta   niewelay  ñi  kütral#

       "Los tehuelches miraban. No tenían su fuego"

11.  aremüy  chi  waralka  mo müten#

       "Se calentaban con el quillango solamente"

12.       añemtülingün   waralka  mo  müten añemtülingün#

       "Se estaban abrigando; solamente con quillangos se estaban abrigando".

13.  akuli ñi  kawellengün  trafia#

        "En la tarde trajeron los caballos"

14.       chememüy choyke   lamomeyngün  luan#

       "¿Qué hicieron? Mataron ñandúes, guanacos[7]"

15.  yewi  ñi  yal#

       "Ya trajeron su comida"

16.       ilotüyngün  karü   ilo#

        "Comieron carne cruda"

17.  tüfi  mu  akuy  kiñe fücha wentru#

       "En eso llegó un viejo"

18.  femechi  muntumafii  kütral  pingün#     

        "Así le van a sacar el fuego, dicen"

19.  mara  amoy#

        "La liebre se fue"

20.  tüfi  mu   allkütumey  ayew  mara  pichi kirke#

       "En eso la liebre fue a escuchar allá (a la cueva) al pequeño matuasto"

21.  ni tüfi  müten  ñi   kütral#

       "Esa solamente tenía fuego"

22.  inchiñ  laiiñ  utrenlaiiñ  tüfa  chi   pukem#

"Nosotros vamos a morir, vamos a morir de frío este invierno (decían los tehuelches)"

23.  femngechi   tati  mongeaiiñ#

       "«Así vamos a vivir»"

24.  ta pirenle   püšaiiñ#

        "«Si nieva, vamos a morir»"

25.  tüfi  chi fücha wentru  akulüy ilo  luan  choyke  kümtrü [.....] #

       "Este viejo trajo carne de guanaco, avestruz, piche[8]."

26.  chumechi  ilotüfiiñ#

        "«¿Cómo la comemos?»"

27.  pür karülelu  müte ilotüliiñ#

        "«Al instante estábamos comiendo mucha carne cruda»"

29.  piwelaiñ  ñi ilotüal  karülelo#

       "«Ya no queremos comer carne cruda»"

30.  yumkuši#

        "Estaban empachados"

 

Segunda parte         

3. Clasificación y origen del relato

Para el narrador, el texto enunciado es "un cuento nomás", una historia que no es verdadera.  Los hechos que dan sentido al relato no pueden analizarse como verdaderos, pero sí tienen que ser verosímiles, y el narrador se esforzó en convertirlos en tales.  Obviamente, el criterio de verosimilitud de un relato no es universal, sino contextual, está siempre en relación con las pautas de una cultura.

Desde la perspectiva émica se trata de un cuento. Sin embargo, lo hemos clasificado como mito debido a su similitud con otros relatos sobre el origen del fuego que han sido rotulados como tales. Sabemos que no existe unanimidad de criterios para separar unos de otros, pero en términos generales los relatos de origen del fuego son considerados mitos aunque no aparezcan dioses o deidades menores, ni la historia sea considerada "sagrada" o vinculada a la esfera de lo sagrado, ni tenga incidencia en rituales o actitudes ritualizadas. MÉLÉTINSKI (1981) analizó los planteos de PROPP y de LÉVI-STRAUSS al respecto y el problema de la ambigüedad de las clasificaciones, ya que ambos reconocen el parecido entre cuento y mito. Para el primero, los cuentos maravillosos son "cuentos míticos"; para el segundo, los cuentos son mitos debilitados.

Debemos considerar también el tema de la procedencia de este relato. Este mito tiene que ser analizado como una versión de los mitos de origen del fuego recopilados entre los tehuelches meridionales. De ninguna manera podemos adjudicarle un origen mapuche, ya que en la narrativa de esta etnia no se han documentado historias similares que señalen los comienzos del uso del fuego por parte de los antepasados, y menos aún, por antepasados animales.

Los relatos mapuches -generalmente denominados cuentos- se refieren a los problemas producidos por el excesivo calor del sol[9]. En este caso, el conflicto es que la carne expuesta al calor intenso del sol para hacer el charqui[10], termina por descomponerse. En los mitos tehuelches, en cambio, el conflicto es no poder cocinar con fuego, en tanto que el sol ya no es un problema para este grupo.

4. Los mitos de origen del fuego en la literatura antropológica.

LÉVI-STRAUSS fue quien más trabajó el tema de los mitos de origen del fuego. En la primera de las Mitológicas, "Lo crudo y lo cocido", realizó un detallado análisis acerca de este tipo de relatos. Delimitó el código culinario y esbozó una serie de relaciones que luego continuó en las Mitológicas I y II . En "De la miel a las Cenizas" trabajó con los alrededores de la cocina  -la miel y el tabaco- y vinculó el código alimentario con el astronómico. En "El origen de las maneras de mesa" analizó el rol cultural de la digestión. Todas estas obras en conjunto son una herramienta útil para abordar el tema que nos ocupa, especialmente para encontrar los elementos comunes de los mitos sobre el origen del fuego.

Pero los mitos no se narran siempre del mismo modo; con la misma estructura narrativa se pueden decir cosas distintas. Creemos que es importante destacar las continuidades, pero también hay que señalar los nuevos elementos que se incorporan al relato mítico así como sus significados. Aunque estamos en presencia de textos fragmentados debido al proceso de desaparición de la lengua y a la rápida aculturación del grupo, igualmente pueden identificarse procesos de producción simbólica que dan cuenta de este cambio cultural. El aporte de LÉVI-STRAUSS es fundamental para analizar los mitos de origen del fuego, pero también hay que tener en cuenta  el carácter histórico del lenguaje, los aspectos contextuales -en este caso de la narración mítica- y la explicación émica desde el presente.

Para LÉVI-STRAUSS, los mitos de origen del fuego son la clave para comprender cómo se manifiestan en el interior de una sociedad determinada el par de opuestos: naturaleza y cultura, que en el código culinario se expresan como crudo y cocido. La naturaleza "cruda" se opone a la cultura "cocida". La cocción presupone el uso del fuego, es decir la incoporación de pautas culturales. Los hombres conocen la naturaleza "cruda". Lo "cocido" es producto de la transformación cultural. La cocción también cumple la función de preservar, es así que lo podrido representa la transformación producida por la naturaleza, no por la cultura.

Lo crudo y lo cocido son categorías empíricas de las cuales se pueden extraer múltiples nociones abstractas. La cocción puede llevarse a cabo de múltiples maneras -hervido y asado, principalmente-  y según el autor que estamos citando, el énfasis en una u otra forma se relaciona también con  otras nociones abstractas. En este caso señalan pautas culturales concretas, como roles de género, idea de las reuniones sociales y de la fiestas, pautas de socialización, para citar algunas.

Los mitos de origen del fuego señalan el momento en que los antepasados dejaron de comer los alimentos crudos y comenzaron a cocinarlos. El uso del fuego es un rasgo distintivo que caracteriza a los humanos, los diferencia de los animales y de los antepasados. Cada cultura imagina la obtención del fuego de distinta manera, ya que los propietarios de este bien  lo pueden ceder gentilmente a los hombres. Pero esto no siempre es así, lo que puede generar graves conflictos.

Según LÉVI-STRAUSS,  también es importante estudiar quién es el encargado de entregarle el fuego a los hombres o quién es el personaje al que éstos arrebatan el fuego. En las culturas en las que los hombres recibieron el fuego del jaguar o de otros carnívoros, el eje del mito pasa por la oposición entre crudo y cocido, y se prioriza la cultura, puesto que la cocción realizada con el fuego es una transformación cultural. En las culturas en las cuales los hombres recibieron el fuego del buitre o de otro carroñero, el eje del mito pasa por la oposición entre crudo y podrido, ya que la putrefacción es la transformación que se realiza naturalmente sobre lo crudo.

5. Los mitos de origen del fuego entre los tehuelches meridionales.

LLARAS SAMITIER recopiló entre los tehuelches meridionales un mito  en el que se adjudica a Elal, héroe cultural de esta etnia, el descubrimiento de las técnicas para hacer el fuego. Según este compilador, los tehuelches contaban que esto ocurrió cuando Elal voló sobre un cisne hacia el monte Chalten.

Durante ese tiempo las aves le proporcionaron el calor de sus plumas y le trajeron alimentos en sus picos. Finalmente, la divina criatura descendió de la cumbre del Chalten, y fue interceptada por el frío y la nieve, Kokeske y Shie, a quienes ahuyentó golpeando unas piedras que dieron origen al fuego. (LLARAS SAMITIER, 1950: 193).

Este mito, en el que los animales no son propietarios del fuego, es diferente a las otras versiones que analizaremos. En general, los mitos americanos  consideran que antes que los humanos se apropiaran del fuego y sus técnicas, este bien era patrimonio de los animales.

BÓRMIDA y SIFFREDI (1969-70: 218) recopilaron dos mitos sobre el tema. En uno de ellos señalan que el dueño  del fuego era el piche, pero como era muy egoísta no lo compartía con nadie. En represalia, Elal le tajeó la cáscara.

En una segunda versión recopilada también  entre los  tehuelches meridionales, el piche, el chingue[11] y el gato pajero[12] eran los antepasados que poseían el fuego.  Mientras ellos disfrutaban de este bien, los hombres carecían de él. Por ese motivo, Elal, el héroe cultural, se lo sacó y nunca más pudieron  cocinar sus alimentos.

Cuando Elal le sacó el fuego al Piche, le cortó el lomo, como castigo por no habérselo querido dar: por eso el Piche se fue al campo y no volvió junto a los paisanos. El Chingue y el Gato Pajero también se fueron. Ahora el Piche come peritas y el Chingue, cucarachas. (BORMIDA y SIFFREDI, 1969- 70: 213-214) 

En el mismo trabajo hay un tercer testimonio que, con muy pocas variantes, repite la estructura del anterior (BORMIDA y SIFFREDI, 1969-70:  218). CASAMIQUELA recopiló otra versión  del mito de origen del fuego. En ella, Elal ya sabía hacer el fuego y estaba dispuesto a compartirlo con el león[13] pero éste no aceptó, y siguió comiendo la carne cruda.

Elal era el que dominaba todo; agarró al león. Quería hacer fuego y el león no quiso. ¡No! me van a perseguir mucho y por el fuego me van a conocer. El león estaba agarrando guanacos. Elal no se veía. Elal lo tocó. Se rió el león. Iba espiando los guanaquitos. Lo tocó; se dió vuelta y lo reconoció que era él"[14].

En todos los casos  aparece la figura de Elal interactuando con los animales de los tiempos míticos. Elal actuó imperativamente sobre los animales poseedores del fuego y castigó a dos de ellos: al  piche y al chingue o zorrino. El tercero de los propietarios del fuego, el gato pajero, no sufrió las represalias del héroe. El piche fue castigado pues dejó de comer carne asada -considerado un alimento óptimo por los tehuelches- y pasó a alimentarse de raíces y tubérculos silvestres (peritas).  Además fue tajeado en su lomo por Elal. El chingue, en cambio, comenzó a alimentarse de cucarachas y coleópteros, y adquirió el mal olor que lo caracteriza.

Los grandes carnívoros, el gato pajero y el león, no fueron castigados tan duramente. Sólo tuvieron que dejar el fuego a los tehuelches y comer la carne cruda. Según el relato recopilado por CASAMIQUELA, el propio león prefirió dejar el fuego a los hombres para evitar ser visto de lejos y por lo tanto, reconocido.

6. El mito de origen del fuego narrado por Alberto Quilchamal.

6.1. Características de la entrevista.

El objetivo principal de  la entrevista estaba centrado en la recopilación de material lingüistíco. Sin embargo, el entrevistado, en su calidad de narrador informante, trató de recordar relatos vinculados a su cultura para poder transmitirlos con verosimilitud.

La instancia emisora del mito de origen del fuego surgió al escuchar una fragmentada versión del mismo grabada por su hermana Yona. A partir de ese momento quiso documentar su propio testimonio y narró el mito que estamos analizando.

Como se trataba de una entrevista abierta, dialogamos acerca del sentido del mito; es decir, le solicitamos sus apreciaciones y recogimos sus juicios de valor. El significado del relato desde el presente adquiere más sentido si se toman en cuenta también la totalidad de los temas tratados durante la entrevista.

Una vez grabado el texto en cinta magnetofónica, el informante se refirió básicamente a dos temas: las características del antiguo dueño del fuego, el matuasto, y agregó detalles acerca de la disputa entre la liebre y el avestruz. Hay que tener en cuenta que desde su perspectiva, los reptiles son prácticamente eternos.

Como toda enunciación, ésta se produjo en un momento histórico preciso. Por lo tanto permite hacer analogías con el presente. El narrador compara la conducta egoísta del matuasto con aquellos que ya no están dispuestos a seguir con las pautas de vida "tradicionales" y proponen cambios rápidos para transformar económica, política y socialmente a la reserva del Chalía.

6.2. Análisis del mito

En nuestra versión los hechos vinculados al origen y uso del fuego son protagonizados por animales, sin la intervención de ninguna deidad. El propietario del fuego es el matuasto, un antepasado egoísta que no está dispuesto a compartir el fuego y por ese motivo la liebre se lo quita. Preguntamos al narrador por qué razón el matuasto se comporta de esta manera, y nos respondió que su actitud se debe a que es frío -como las víboras-,  además de ser dañino y ponzoñoso: "Esos viven de la ponzoña, la  ponzoña que tienen no los deja morir". Interrogado acerca de esta característica del matuasto,  respondió que para matarlo hay que quemarlo, de otra manera es imposible terminar con ellos.

Tanto esta versión del mito como la recopilada por BÓRMIDA y SIFFREDI hacen hincapié en estigmatizar a los antiguos propietarios del fuego: piche, chingue, matuasto. Estos animales demuestran, de una u otra manera, que han sido castigados en los tiempos míticos, y por esta razón tienen aspecto, olor o hábitos alimenticios detestables. Los dueños del fuego eran egoístas.  El egoísmo es un estigma en una sociedad de cazadores, y los mitos dan cuenta de ello.

Si seguimos los lineamientos de LÉVI-STRAUSS, observamos que los carnívoros, comedores de carne fresca -como el gato pajero, y el león- que tenían el fuego y no se lo disputaron a los hombres, dejaron finalmente de usarlo. Hay que señalar que los tehuelches priorizaron la cultura por sobre la naturaleza, y sobre todo la cultura impuesta como una serie de pautas que lleva a doblegar la naturaleza considerada siempre caótica.  Los mitos tehuelches meridionales nos muestran la naturaleza como una fuente inagotable de caos y confusión; sobre este universo confuso el héroe cultural impuso su orden. El uso del fuego y la cocción de los alimentos es parte del mismo. Por esta razón los propietarios míticos del fuego, en nuestro caso el matuasto, son  animales despreciados y estigmatizados por el hombre.           

LÉVI-STRAUSS también señaló que en muchos mitos americanos se plantea el tema de la fragilidad de la vida humana en relación con los mitos de origen del fuego. Por ejemplo, un mito cashinawá dice que los hombre se volvieron mortales -a diferencia de los reptiles (a los que se considera inmortales) y los árboles- por no haber obedecido el mandato de cambiar de piel (LEVI-STRAUSS, 1978b: 163-164). Nuestro narrador también enfatizó la inmortalidad del matuasto en contraposición a la fragilidad de los tehuelches que podían morir de frío si no se abrigaban al calor del fuego.

Esta versión del mito de origen del fuego se vincula con el mito de origen de las estaciones que recopilaron BÓRMIDA y SIFFREDI. El nexo entre ambos mitos se encuentra en el robo del fuego por parte de la liebre y en la disputa con el avestruz. Como el avestruz le pisó la cola a la liebre, ésta quedó con la cola corta y mocha. Alberto QUILCHAMAL trató de explicarnos el mito, y señaló que la liebre y el avestruz discutieron acerca de la duración del invierno. El avestruz quería que durara sólo tres meses -tantos meses como sus plumas
largas-, en cambio la liebre quería que durara más tiempo. Mientras el narrador hacía esfuerzos por recordar iba buscando explicaciones que le otorgaran verosimilitud al relato. Es así que señaló que la liebre quería que el invierno durara más porque ella solía permanecer refugiada en su cueva. Además su pelo la mantiene abrigada. Por el contrario, los avestruces se mueren cuando nieva mucho. En las versiones recopiladas por BÓRMIDA y SIFFREDI la discusión entre ambos animales es exactamente inversa: el avestruz quería un invierno largo y la liebre un invierno corto. En todos los casos la liebre quedó con la cola mocha como consecuencia de esta discusión.

A pesar de las diferencias y las contradicciones el mito mantiene su coherencia, ya que es frecuente que los mitos de origen del fuego se encuentren en relación con el origen del orden cósmico, manifestado en la regularidad de las estaciones. En la versión que estamos analizando el problema es la duración del invierno patagónico.  

Pues bien, esta condición patológica de la cocina no está solamente ligada a la presencia objetiva de ciertos tipo de alimentos. Es también función de la alteración de las estaciones que, al llevar consigo la abundancia o la escasez, permiten a la cultura afirmarse, o constriñen a la humanidad a acercarse temporalmente al estado de la naturaleza (LÉVI- STRAUSS, 1971: 392).

El código culinario está en relación directa  con el astronómico. El uso equilibrado del fuego por parte de los humanos tiene su correlato en el orden cósmico que se manifiesta en la periodicidad de las estaciones, lo que implica regularidad y orden.

El narrador enfatizó los dos ejes  claves que se relacionan  con el uso del fuego: contrarrestar el frío, dado que la capa o quillango tehuelche no era suficiente para vivir en un lugar tan frío, y cocinar la carne, pues ya no querían comer la carne cruda. El uso del fuego es imprescindible para la vida humana en este medio. Es así que aquellos que no están dispuestos a compartirlo son considerados detestables, como el matuasto.

En una sociedad en la cual la propiedad de la tierra es comunitaria y no ha habido demasiadas oportunidades de acumular bienes personales, los cambios que se están produciendo en nuestros días,  son vistos como negativos por los que se consideran más respetuosos del pasado, como el narrador. En general los cambios culturales se manifiestan alrededor de búsquedas para lograr el control económico de lo producido en algunas parcelas que conforman la Reserva del Chalía. De ahí las propuestas de algunos vecinos de la comunidad para colocar alambrados en sus terrenos y de este modo acabar con el sentido comunitario de la tierra. Esto provoca el disgusto de los que no esperaban este tipo de cambios y ven en ello  rasgos de egoísmo. Y el egoísmo es el peor de los sentimientos.  En la narración del mito, que es un cuento, una historia de ficción, el narrador  reflexionó sobre estos problemas del presente. 

Conclusiones 

Se trata de una variante o versión de los mitos de origen del fuego documentados entre los tehuelches meridionales, en la que también está incluída la disputa por la duración de las estaciones. Ambos temas, origen del fuego y orden cósmico, se hallan relacionados en la mitología de muchas culturas americanas.

Esta versión vincula el código culinario con el cosmológico, enfatiza la importancia de un orden necesario para la vida humana y el peligro que encierran las actitudes mezquinas de aquellos que no están dispuestos a compartir sus bienes, como el propietario mítico del fuego, el matuasto, un antepasado tan diferente a los hombres que se burla  hasta de la muerte y es inmortal, en contraposición a la fragilidad de la vida humana.  El mito no permanece ajeno a la realidad histórica, y la historia de esta comunidad puede  vincularse e interactuar en el universo mítico.

 

 


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[1] La primera parte ha sido redactada por FERNANDEZ GARAY; la  segunda, por HERNANDEZ.

[2] Lagarto pequeño de no más de 25 cms., de cuerpo rechoncho y cabeza grande. Pertenece a la Familia Polychridae.

[3] Si bien las genealogías son oscuras, según lo manifestado por el Dr. Enrique PEREA en comunicación personal, los hermanos QUILCHAMAL que quedan hoy día son los que aparecen en nuestro cuadro. El menor de ellos, Mauricio, dijo desconocer la lengua. Esto puede deberse al hecho de ser el menor.  

[4] La notación del texto es fonológica. Los fonemas de este dialecto sureño del mapuche son los siguientes:

 bil.                den.                retrof.                pal.                vel.

ocl.           /p             t            tr                   ch             k   

fri.             f               s            r            š           x                       / i   ï   u

lat                              l                          ll                                     e   a   o/

nas          m               n                         ñ         ng                   

cont.                                                   y           w/ 

[5] Liebre: Dolichotis patagonum o Lepus capense, Leporidae.

[6] Ñandú: Rhea americana.

[7] Guanaco: Lama guanicoe, Camelidae.

[8] Piche: Zaedyus pichiy, Dasypodidae.

[9] AUGUSTA (1934) recopiló cuentos en los cuales una dupla de héroes, Pedro y Pablo, provocaron la "noche eterna" para castigar al sol por haber derretido la carne que habían puesto a secar. 

[10] charqui: carne salada y secada al sol para ser guardada durante largo tiempo.

[11] chingue: zorrino, Mephitis sp.

[12]  gato pajero: gato cimarrón, Felis pajeros.

[13] león o puma, Felis concolor.

[14] El mito fue narrado por don Nemesio CHONGLE, en 1975 en Gobernador Gregores, Lago Cardiel. Se encuentra en las libretas de campo del compilador.