AMERINDIA N° 12, 1987

lengua y sociedad en el Valle del Mantaro

PRIMERA PARTE: QUECHUA FRONTERIZO*

Rodolfo CERRON-PALOMINO

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

"Nunapmi pantaica"
Ráez (1917: 184)

0. El presente trabajo quisiera ofrecer una visión de con­junto acerca del quechua del Valle del Mantaro. Se tocan en ella algunos de los aspectos más saltantes de la diacronía, sincronía, dialectología y sociolingüística de la lengua. Asimismo, se hace un intento por correlacionar los procesos lin­güísticos con los eventos histórico-culturales que sirvieron de marco a los mismos, procurando ofrecer de este modo lo que podrían llamarse la historia interna y externa de la lengua. En esta primera parte se tratarán los aspectos estrictamente lingüísticos, dejando para la segunda el perfil sociolingüís­tico de la zona **.

1. Antecedentes

Una de las primeras referencias que se conocen acerca de la variedad que nos ocupa es la proporcionada por el cronista Pedro Pizarro. Testigo ocular de la conquista y uno de los primeros en llegar al Valle del Mantaro, evocará más tarde, en su cómodo retiro de Arequipa, sus impresiones generales sobre los huancas. En efecto, en relación con la lengua de éstos asen­tará que "[...]. Su habla es la común, que llaman quechuasimi, ques la lengua quel señor mandaua se hablase generalmente, por­que cada prouinçia por sí tenía lenguas diferentes, y las de los señores e orexones hera la más escura de todas, y la de Puerto Viexo, porque el hablar de estos de Puerto Viexo casi chillan como gatos. "Poco se diferia esta lengua de los guancas a la común: como la de por­tugueses a la de los castellanos, digo la destos xauxas y la de los guancas" (Pizarro [1571] 1978: Cap. XIII, 75; subrayado nuestro). Años más tarde, don Andrés de Vega (1582), en su "Descripción" de la provincia de Jauja, levantada en el pueblo de Santa Ana de Sincos, informaba que "cada repartimiento de los tres deste Valle --es decir, Hatun Xauxa, Lulin Huanca y Hanan Huanca, R.C-P.-- tiene su lenguaje diferente uno de otro, aunque todos se entienden y hablan la lengua general del de los Quíchuas". De las referencias citadas se pueden inferir tres característi­cas fundamentales quе definían la situación lingüística del Valle: (1) quе la variedad huanca estaba conformada por tres dialectos claramente diferenciables; (2) quе tales dialectos guardaban entre sí relaciones de mutua inteligibilidad; y (3) que, respecto de la lengua general, dichas hablas eran asimismo mutuamente intercomprensibles. En relación con esto últi­mo debe recalcarse quе las referencias señalan quе la inteligibilidad se daba entre el huanca y el quechua general, mas no necesariamente entre aquél y la variedad cuzqueña, pues ésta "hera la más escura de todas". A no ser que tal calificación aluda a la ignota lengua particular de los incas (cf. Cantos de Andrada [1586] 1965: 307, Garcilaso [1609] 1963: Libro VII, Cap. 1, 246).

Como se sabe, una vez asegurado el dominio colonial, la lengua general, quе había contribuido a la unidad del imperio, cae en desuso, trayendo como consecuencia una mayor exacerbación de las diferencias dialectales quе se escondían debajo de ella. En adelante, la variedad cuzqueña se erguirá como el arquetipo de la lengua, monopolizando para sí la designación de quechua (ya no quichua; cf. Cerrón-Palomino 1985a) por excelencia, en oposición a las demás, consideradas como bastardizaciones de aquélla, y nominadas despectivamente como dialectos. Consiguien­temente, los estudios gramaticales y lexicográficos girarán, con una sola excepción (cf. Figueredo 1700), en torno al cuzqueño. Tampoco se empeñarán los religiosos de la colonia en ofrecernos versiones dialectales de la Doctrina y el Catecismo, salvo al parecer de otra excepción (cf. Rivera Serna 1965), luego de su normalización en lengua sureña (con base en el habla del Cuzco) por una comisión de jesuitas asesorados por el P. José de Acosta (cf. Tercer Concilio 1584). La situación descrita persistirá no sólo a lo largo de la colonia sino que se prolongará, durante la república, hasta la primera década del presente siglo.

Lo dicho en el párrafo precedente explica por qué no se tienen más noticias sobre el huanca. Como para el resto de las variedades quechuas, los primeros materiales sobre el dialecto quе nos ocupa datan de comienzos de siglo. Ellos responden al renovado afán catequístico de algunas órdenes religiosas, en especial la de los franciscanos. Fruto de este interés es el Vocabulario Políglota Incaico (1905), elaborado por un equipo de seráficos del Colegio de Propaganda Fide del Perú, con sede en Ocopa. De los cuatro dialectos cuyos léxicos aparecen regis­trados en dicha obra (sin contar el del aimara), tres correspon­den a variedades nunca antes estudiadas: la ancashina, la juninense y la ayacuchana. Por lo quе toca a la segunda, ella está representada por la subvariedad hablada en la provincia de Huancayo. El acopio de dicho léxico fue realizado por el huancaíno Fray José Francisco María Ráez (cf. en tirada aparte, Ráez 1905). Más tarde, el mismo religioso nos ofrecerá una gramática del huanca comparada con la del ayacuchano (cf. Ráez 1917). En trabajo reciente (cf. Cerrón-Palomino 1985b) nos ocupamos larga­mente de la vida y obra de este religioso ejemplar. En líneas generales, lo que Ráez describe es lo que modernamente podría­mos denominar una gramática pandialectal. Conocedor de las tres subvariedades del huanca (aunque en menor medida de la jaujina), el seráfico nos entrega la gramática subyacente de la lengua, en la quе están representadas aquéllas, teniendo sin embargo como base el dialecto huancaíno. Tal es, pues, la primera des­cripción gramatical y léxica del huanca.

En materia de literatura oral, el afán para recoger mues­tras de la creación en quechua huanca se manifiesta igualmente sólo a partir de la primera década del presente siglo. Hasta hace poco, sin embargo, la recopilación de las mismas, con ser esporádica, estuvo a cargo no sólo de aficionados, como era de esperarse, sino de personas desconocedoras de la variedad en cuestión. Como consecuencia de ello, las muestras recogidas se resienten de una distorsión tal que difícilmente pueden ser to­madas como manifestaciones genuinas del habla huanca, salvo una depuración previa que sólo podría ser hecha por el entendido en dialectología quechua. En prueba de lo que decimos bastará mencionar los textos ofrecidos por Vienrich (1905), Farfán (1948) y Quijada Jara (1956:286-323), el primero tarmeño, el segundo cuzqueño, y huancavelicano el tercero. De los poemas recogidos por Vienrich, los del jaujino y chupaquino muestran sustitucio­nes de algunos morfemas por otros correspondientes a una varie­dad sureña (cf. 1905: lxxvi, lxxx); los de Concepción y Huancayo simplemente no pertenecen a las variedades respectivas. Por lo quе toca a Farfán, los textos quе recoge, correspondien­tes a diez localidades del Valle (can predominio de las de Huancayo), adolecen igualmente de serias distorsiones consis­tentes en el reemplazo quе el autor hace de ciertos morfemas locales por sus correspondientes cuzqueños. Otro tanto puede decirse de los textos del cancionero huanca de la herranza recopilado por Quijada Jara, pues aquí también la interferencia sureña es manifiesta.

Por lo que toca a los trabajos de Ráez, éstos no parecen haber trascendido del ámbito religioso y misionero, como todas las obras de su género. De hecho, por lo menos en relación con su gramática, había que referirse a la monumental bibliografía de Rivet y Créqui-Montfort (1951-1956) para conocer de su exis­tencia. No debe extrañar entonces que los autores de monogra­fías sobre las provincias del Valle, incluyendo aquellas más específicas sobre algunos distritos, desconozcan completamente la obra del religioso huancaíno. Esta situación contribuyó sin duda a que el mismo nombre quе designa a la variedad fuera objeto de ambigüedades y distorsiones. No sólo había quе enca­rar el lastre de la distinción tradicional entre el quechua (la variante cuzqueña y, en cierta medida también, la ayacuchana) y el resto de los dialectos, entre los quе se contaba la varie­dad vallemantarina. La misma designación de huanca adquiría un matiz ambiguo para referir, por un lado, a la variante quechua (identificándose así con huanca-shimi); pero, de otro lado, aludía también a la presumible lengua de los antiguos huancas desplazada por el quechua. De manera quе, según esto, para algunos, el huanca no era quechua, en primer lugar, por ser diferente del sureño, y, en segundo término, por aludir a una lengua distinta, aunque extinguida, de la variante quechua de la zona. El empleo de huanca en esta segunda acepción aparece, por ejemplo, en el siguiente pasaje de Vásquez (1949): "Debido sin duda a imperativos históricos y etiológicos, la lengua wanka tradicional ha desaparecido del escenario de la vida peruana. Algo más estamos por creer quе ha desaparecido por completo, ya sea porque cumplió, a su hora, con su rol social e histórico, ya sea porque fué, en el orden de la beligerancia vital, copada, derrotada o vencida ineluctablemente por la mayor fortaleza de esa otra lengua, por supuesto más rica y más expresiva: el kechwa". Es este supuesto idioma huanca el que aparece como extinto en algunos trabajos de clasificación de las lenguas indígenas de Sud América (cf. McQuown 1950, Loukotka 1968: 272). La distorsión mencionada tuvo efectos lamen­tables cuando en los censos de 1961 y 1972 los hablantes de huanca fueron segregados del grupo de usuarios del quechua, para ser subsumidos dentro del grupo de hablantes de "otros dialectos", juntamente con los selváticos. De allí quе no sea posible conocer el número de usuarios de la variedad en cuestión. Por lo demás, la supuesta lengua pre-quechua, hasta donde sabemos, no fue otra que una variante de la aru, lengua que cubría toda la sierra central, y que, por consiguiente, no puede ser identificada como exclusiva de la etnía huanca. Creemos que la persistencia del etnónimo huanca dio lugar a la inferencia aludida.

Tal como lo demuestran las primeras documentaciones, sin embargo, en ningún momento encontraron los españoles en el Valle otra lengua que no sea una variante del quechua; lo propio ocurrió en los territorios de los antiguos reinos veci­nos de Tarma y Chinchaicocha. Las distorsiones del glotónimo han sido, pues, fruto de un profundo desconocimiento de la realidad lingüística, así como de una desinformación en relación con las obras de Ráez. Quienquiera quе dudara del carácter quechua del huanca sólo tenía quе referirse a la gramática del franciscano, quien se esforzó,' con éxito, en "hacer notar la armonía y conexión quе existe entre nuestro Idíoma "Huanca" y el del Sur de esta República" (cf. Ráez 1917: 10). Lamentable­mente, como se dijo, el aporte de este religioso permaneció completamente ignorado.

Como se sabe, los estudios dialectológicos del quechua tienen su inicio en la década del sesenta. Por lo quе toca al huanca, fue Torero (1964) quien incorporó, por primera vez, informaciones sistemáticas -si bien escuetas dada la naturaleza de su trabajo- sobre la variedad dentro del cuadro general, sincrónico y diacrónico, de la dialectología quechua. Por nues­tra parte, desde quе nos iniciamos en la quechuística (cf. Cerrón-Palomino 1967), hemos venido estudiando la variedad en cuestión, tanto desde el punto de vista dialectológico-histórico como sincrónico-estructural (cf. Cerrón-Palomino 1976a, 1976b). En las secciones que siguen ofreceremos una visión de conjunto de lo que, siguiendo a Ráez, preferimos llamar quichua-huanca.

2. Ojeada diacrónica

Con el objeto de comprender mejor la historia, evolución y situación actual de esta variedad conviene empezar por el estado de cosas atribuible a la protovariedad, tanto desde el punto de vista fonológico como morfológico. Comenzaremos, en primer término, con la postulación de los protofonemas, y, en segundo lugar, abordaremos parte del sistema flexivo de la va­riedad ancestral (en adelante protohuanca, PH).

2.1. Fonología

Los fonemas segmentales atribuibles al PH son los siguientes (donde los dos puntos marcan la cantidad vocálica):

                                       *t                  *k     *q

                                           *s                                        *h

CONSONANTES                 *m    *n                   

                                          *(l)                     *l̃

                                           *r

                                  *w                        *y

                                  *i      *i:                       *u     *u:

VOCALES                        

                                                   *a    *a:

Antes de dar cuenta acerca de los cambios que afectaron a dicho sistema para derivar en las configuraciones actuales que presenta la variedad, conviene que hagamos algunas preci­siones, pues no cabe duda de quе la hipótesis subyacente al sistema propuesto no está libre de conflictos, a la luz de las postulaciones quе se han hecho en relación con el protoquechua (en adelante PQ).

2.11. Por las evidencias dialectales que se tienen, todo parece indicar quе el cambio */s/ > h había comenzado a afectar, en inicial de palabra, al PQ. Una vez producido el desmembra­miento entre PQI y PQII, la innovación siguió su curso en QI, al par quе se truncaba en el QII. De esto último quedan testi­monios en el propio cuzqueño: por un lado, allí están formas como hank'a 'cojo', hayt'a- 'dar de puntapiés', hurqu- 'remover', huqa-ri- 'alzar', etc., que provienen de *sanka, *sayta-, *surqu- y *suqa-ri- respectivamente; de otro lado, voces quе en González Holguín (1608) aparecen como hachha 'monte' y haqqui- 'dejar', se dan ahora, remodeladas, como sač'a y saqi-, respectivamente. En lo quе respecta al huanca, el cambio cundió en inicial de palabra en una mitad del área, al par quе en la otra, cubriendo buena parte del actual territorio de Jauja, no se produjo, resultando así en el único reducto donde se mantiene la */s/ en forma intacta (cf., incluso, la forma sana 'arriba', que dio hana en el resto de los dialectos). Parker (1971: 59-60) atribuía este rasgo arcaico a los efectos de una remodelación inducida por el superestrato cuzqueño. Ya se vio, sin embargo, quе ni dicha variedad sureña se libraba del cambio (cf. Mannheim 1983). Además, como lo señalamos en otro lugar (cf. Cerrón-Palomino 1987: Cap. VI, sección 6.1.42.5), los comuno­lectos huancas colindantes con el jaujino conservan también la */s/ inicial ante vocal alta.

2.12. Tal como puede apreciarse en el inventario consonántico, postulamos el protofonema apical */ŝ/, ligeramente retroflejo, en oposición a la dorsal */s/. Un par mínimo quе ilustraría dicha distinción sería *qaŝa 'portillo' versus *qasa 'helada'. Como quiera quе para el PQ se han postulado las sibilantes */s/ y */š/, donde la última se corresponde con nuestra */ŝ/, ello implicaría quе ésta sufrió un cambio a partir de la palatal. Creemos, sin embargo, quе las cosas sucedieron al revés. Nuestra creencia se basa en por lo menos tres retazos de evidencia de naturaleza tanto teórica, como dialectal y filológica. Cuanto a la primera, la hipótesis se sustenta en el criterio de naturalidad, según el cual un sonido marcado tiende a simplificarse. Si asumimos que la articulación retrofleja es más marcada quе la palatal simple, entonces el cambio */ŝ/ > š resulta más natural. En segundo lugar, dialectológicamente, es un hecho el quе en la mayor parte del área huanca (cf. Cerrón-Palomino 1976a: 46) la distribución de [ŝ] y [š] es complementaria, apareciendo la segunda en sólo dos contex­tos: antes y después de /i/ al interior de una raíz y después de /y/. Siendo, pues, un segmento palatal el contexto en cuyo contacto aparece [š] es natural pensar que la situación sincró­nica refleja el cambio condicionado */ŝ/ > š, y no al revés. Dicha innovación ya se habría dado en el PQ, propagándose al resto de los ambientes, hasta cubrir incluso los microvalles de Paca y Yanamarca, en la región del Mantaro, donde sólo encontramos [š]. De lo dicho puede inferirse entonces quе el huanca es prácticamente el único dialecto que preserva el protofonema */ŝ/, aunque se han detectado otras áreas circunve­cinas que igualmente registran dicho segmento (cf. Torero 1964, quien menciona las localidades de Moya y Vilca, así como algunos distritos de Yauyos). Quesada (1976:41-42), por su parte, regis­tra para Cajamarca un segmento parecido, empleado en variación libre con /š/, quе es la norma. Finalmente, aportamos la eviden­cia filológica, tal como fuera sugerida por Landerman (1982) y enrequecida por Mannheim (1983). Recogiendo una inquietud de Rowe (1950), y tras un examen cuidadoso del tratamiento de las sibilantes por parte de los gramáticos y lexicógrafos del siglo XVII (principalmente González Holguín, Bertonio y Torres Rubio), Landerman propone para el cuzqueño, e incluso para el PQ, la distinción entre */s/ y */s%/, donde la última, de naturaleza apical, habría cambiado a [š] en los dialectos centro-norteños (exceptuando el huanca), al par quе se fusionaba con /s/ en las variedades sureñas. Frente a una oposición sistemática entre, por ejemplo, ccaça 'helada' y kassa 'portillo' en González Holguín ([1608] 1952), el autor mencionado sostiene que la realización de la segunda forma debió haber sido [q'as)a] y no [q'aša], como se podría pensar, ya quе tanto el gramático mencionado como el propio Inca Garcilaso sostienen terminantemente quе la variedad cuzqueña no poseía el fonema /š/, representado entonces por la grafía <x>. Que esta letra se empleaba para transcribir la sibilante palatal no cabe la menor duda. De hecho, Fray Domingo de Santo Tomás ([1560] 1951, 1951b) usa no sólo la distinción <s> <ç> sino incluso se vale también de la <x>, denunciando indirectamente quе el quechua quе des­cribe, de base costeña, incorporaba, a través de sus informan­tes pluridialectales, una pronunciación con [š]. Es más, el dominico se vale igualmente, aunque de manera esporádica, del dígrafo <hx> para representar un segmento cuya naturaleza fónica resulta difícil de precisar, pero quе a estar por la forma <cuchuhx> 'codo' bien podría tratarse de una retrofleja [ŝ], como en el huanca [kuĉuŝ]. Resumiendo, pues, tales piezas de evidencia, no es aventurado postular para el PQ la oposición entre */s/ y */ŝ/, donde esta última podía tener una articula­ción apical. En tal sentido, nos rectificamos en cuanto a la posición esbozada en Cerrón-Palomino (1976b: Cap. 5, 1984).

2.13. La reconstrucción de */l/ para el PQ está en debate. Mientras Torero la ignora, Parker la reconstruye (ver Cerrón-Palomino 1987: Cap. IV, sección 4.33, para los detalles). Noso­tros postulamos dicho segmento, otorgándole un status marginal. Después de todo, voces como lawsa 'baba', layqa 'brujo', lawa 'especie de sopa', laqa- 'adherir', etc., que también se dan con /l/ en casi todos los dialectos quechuas, no aparecen apun­tar a formas que pudieron haber tenido una */r/ inicial. Por lo demás, reconstruir un sistema con */l̃/, pero sin */l/, resulta a todas luces poco realista.

2.14. Como se deduce del inventario vocálico propuesto, postulamos vocales largas para el PH, las mismas quе fueron heredadas del PQI. La distinción cuantitativa se daba en conta­das raíces y sobretodo соn la vocal /a/. Morfológicamente, sin embargo, se hacía uso de ella para marcar la primera persona tanto posesora como actora. El origen de dicho alargamiento ha sido objeto de un interesante debate (cf. Cerrón-Palomino 1979, 1987: Cap. V, sección 5.21, para un balance del mismo). Por nuestra parte, postulamos el cambio de la secuencia /a-ya/ > a-:, atestiguado en todos los dialectos del de la mencionada marca. En el presente caso, el protomorfema de primera persona actora-posesora habría sido *-ya. El mismo cambio afectó a los protomorfemas *-ra-ya 'estativo', *-pa-ya 'repetitivo' y *-na-ya 'desiderativo', dando -ra:, -pa: y -na:, respectivamente. Por razones de presión paradigmática, las secuencias */i-ya/ y */u-ya/ devinieron en i-: y u-:, para los temas acabados en /i/ y /u/. Por lo demás, en casos semejantes de elisión consonántica y consiguiente contracción vocálica, el timbre que "manda" es el de la primera vocal (cf., en el huanca actual, wasi-ka/-ta → [wasi-:-ta] 'a la casa'). Como se ve, el empleo del rasgo de cantidad era
-debido a su mismo origen de naturaleza compensatoria- bastante restringido. Las pocas raíces con vocal larga no derivada, del tipo pu:ka- 'soplar' o ti:pu- 'pulsación', mientras no se expliquen como formas derivadas, podrían atribuirse a un sustrato aru, el mismo que habría sido responsable del cambio */a-ya/ en a-:.

2.2. Protomorfemas

En esta sección se postularán algunos aspectos de la flexión nominal y verbal atribuibles al PH. Se tratarán, espe­cíficamente, las flexiones de persona y caso, así como el artí­culo, del paradigma nominal; y las de persona, tiempo, aspec­to, modo y plural, del paradigma verbal.

2.21. Flexión nominal. Las referencias personales de posesión se marcaban, como en los dialectos actuales, mediante *-: 'primera persona', *-yki 'segunda persona' y *-n 'tercera per­sona'. Delante de los temas acabados en /i/, la segunda persona podía darse simplemente como *-ki: así, *wasi-ki 'tu casa'. La asimilación de la semiconsonante no produjo, contra toda expec­tativa, ningún alargamiento compensatorio. El sistema de casos estaba formado, fundamentalmente, por los siguientes *-p ~ *-pa 'genitivo', *-kta ~ *-ta 'acusativo', *-piqta ~ *-pita 'ablativo', *-ĉaw 'locativo', *-man 'ilativo', *-paq 'benefactivo', *-naw 'comparativo' y *-wan 'instrumental/comitativo'. Como se ve, las marcas de genitivo y acusativo presentaban alternancias, pudiendo aparecer el primer miembro de cada par cuando la base terminaba en vocal breve: así, *warmi-p 'de mujer', *tanta-kta 'pan (ac.)', etc. El caso ablativo presentaba igualmente una alternancia, pues mientras en unas hablas se había gramaticalizado la secuencia *-pi-q-ta, donde *-q parece ser un antiguo nominalizador, en otras se consolidaba la misma secuencia pero sin dicho morfema. En ambos casos, sin embargo, la construcción requería de *-ta, forma evidentemente emparentada con el morfema acusativo. Con todo, la lengua permitía también el empleo de *-piq, es decir sin el recurso a *-ta: por ejemplo, *rumi-piq ~ *rumi-piqta 'de piedra'. Finalmente, el caso benefactivo, formado en el PQ en base al genitivo, había consolidado ya la antigua secuencia *-pa-q, que contenía igualmente al nominalizador *-q visto a propósito de *-piqta. En cuanto al artículo, postulamos para el PH el empleo frecuente de *ka-q como un determinante existencial para indicar un objeto consabido del oyente (cf. con el empleo de ka-q en otros dialectos con el valor de superlativo), originariamente formado por el verbo *ka- 'ser' nominalizado mediante el agentivo *-q: así, *warmi ka-q 'la quе es mujer'.

2.22. Flexión verbal. Las marcas actanciales de presente eran: *-: 'primera persona', *-nki 'segunda persona' y *-n 'tercera persona'. En las formas del pasado el paradigma era idéntico al de las referencias de posesión, es decir *-yki mar­caba la segunda persona. Habiendo sido isomórficas las refe­rencias de persona tanto nominal como verbal en el PQ (cf. Cerrón-Palomino 1986), en el presente había tenido lugar un cambio: *-yki pasó a *-nki por presión de la tercera persona *-n. En cuanto a las marcas de tiempo, el PH poseía *-rqa para el pasado y distinguía dos participios: *-nqa para el futuro y *-ŝqa para el pasado. Como se sabe, tales sufijos son bi­morfémicos en origen, donde *-r, *-n y *-ŝ tienen una historia oscura, pudiendo haber sido marcas aspectuales, en tanto que *-qa parece haber tenido un matiz existencial. Una vez gramaticalizados, tales morfemas podían simplificarse opcio­nalmente en *-ra, *-na y *-ŝa, respectivamente. En relación con el aspecto, presentamos aquí sólo dos: *-ĉka: y *-yka:, ambos con valor durativo. Reconstruimos el primero con una retrofleja, en lugar de */č/, por cuanto hay algunas hablas huancas quе así lo registran. Por lo demás, del mismo modo que en el caso de los morfemas temporales, aquí estamos frente a morfemas compuestos históricamente, donde, si bien resulta difícil señalar el valor quе tenían *-ĉ y *-y, la forma *-ka: no parece ser sino el verbo 'ser', y el alargamiento de la vocal lo quе quedó de la antigua *-ya. De los datos quе tenemos se puede colegir quе *-ĉka: mar­caba, a diferencia de *-yka:, la duración de una acción rela­cionada con otra (pero notése que el matiz de duración está dado en ambos casos por *-ya, pues, por lo menos, *-ĉka tiene otros valores tanto en Cajamarca como en el habla yauyina de Madeán), como en *miku-ĉka-nki 'vas a estar comiendo mientras...' El durativo *-yka:, quе no implicaba tal atadura, podía formalmente elidir la segunda consonante, para devenir en *-ya:. El PH manejaba igualmente los modales direccionales *-yku 'hacia adentro', *-rqu 'hacia afuera', *-rku 'hacia arriba' y *-rpu 'hacia abajo'. Aquí también estamos frente a sufijos históricamente bimorfémicos cuyos componentes resultan oscuros toda­vía. Con algunas raíces, igualmente de significado poco trans­parente, tales sufijos formaron nuevos lexemas hoy completamente univerbados: tal los casos de *ya-yku- 'entrar', *ya-rqu- 'salir', *ya-rku- 'subir' y *ya-rpu 'bajar' (cf. *ta-rpu- 'sem­brar'). Con verbos que no indicaban localización espacial dichos morfemas cumplían funciones aspectuales quе implicaban dinamicidad o acción súbita. De todos ellos, *-yku, en menor medida, y *-rqu, podían igualmente simplificar su consonantismo, dando *-yu y *-ru. Finalmente, postulamos tres pluralizadores para el PH, a saber: *-pa:ku, *-rka: y *-rqa:ri. Debe señalarse, sin embargo, que antes de marcar una noción de plural ellos indica­ban otros matices: habitualidad el primero, dinamicidad el se­gundo y completitud el último. Tales sufijos son también pluri­morfémicos en origen. Así, los dos primeros derivan de *pa-ya-ku y *r-ka-ya, respectivamente, al par que el tercero proviene de *-r-qu-ya-ri (donde el segundo protomorfema deviene en *-qa al estar seguido del incoativo *-ri). En todos ellos se puede apre­ciar la recurrencia del protosufijo
*-ya, quе al parecer
conllevaba un matiz durativo: se trata, pues, de la misma forma encontrada en 2.14 y cuya evolución corrió la misma suerte que la señalada para el caso anterior.

2.3. Evolución

En esta sección nos ocuparemos de los cambios quе afecta­ron al PH para devenir en sus dialectos modernos. Para ello tomaremos como punto de partida tanto el sistema de protofonemas como las categorías protomorfémicas postuladas. Demás está señalar que, en el aspecto fonológico, sólo nos ocuparemos de aquellos segmentos que sufrieron modificaciones. No puede decir­se lo propio de la morfología, puesto quе la selección de los protomorfemas se hizo más bien con fines ilustrativos. Un tra­tamiento exhaustivo de la evolución morfológica escapa a los cometidos más modestos de la presente sección.

2.31. Fonología

Cuatro son los cambios quе operaron sobre el sistema pro­puesto en 2.1., específicamente en relación con los fonemas */r/, */q/, */č/ y */l̃/. Como se verá, no todos han tenido la misma difusión ni tampoco han acarreado consecuencias de igual magnitud dentro del sistema.

2.31.1. Uno de los cambios más antiguos que registra el PH es el paso de */r/ a l. De este modo se produce la fusión de dicho segmento con la lateral preexistente, la misma que incrementa su distribución hasta entonces restringida. Se trata de una mutación irrestricta quе cubrió toda el área huanca, siendo por tanto uno de sus rasgos tipificadores quе la deli­mitan de manera nítida dentro de los dialectos de QI. A decir verdad, sin embargo, tanto las hablas aledañas de Yauyos (Lima) como el dialecto costeño extinto, descrito por el dominico (cf. Santo Tomás [1560] 1951a), presentan un cambio similar, si bien no generalizado. Lo típico del huanca es, con todo, el hecho de que la mutación haya sido general e irrestricta. En efecto, de todo el léxico, sólo conocemos tres excepciones y un cambio sui géneris: las voces yawar 'sangre', wampar 'vaso ceremonial de cuerno', uyl̃ur ~ wayl̃ur ~ *quyl̃ur 'estrella' y nuna < *runa 'gente'. Para los tres primeros casos no puede decirse que el cambio haya admitido una excepción en final de palabra, pues ejemplos como un/ul < *qunqur 'rodilla', kulul < *kurur 'ovillo', tantal < *tantas 'variedad de espina', así como el paso del subordinador aproximativo *-r a -l, prueban lo contrario. El caso de la palabra 'gente' es sin duda especial. Mientras los datos toponímicos y documentales para la costa central nos dan luna, no se registra una sola habla en el Valle del Mantaro quе consigne una forma tal, sino invariablemente nunа, que, de paso sea dicho, es también corriente en el ancashino. Quisiéramos aventurar explicaciones: en el primer caso, el hecho de quе tales voces estén íntimamente ligadas al mundo religioso andino habría quizás determinado el quе ellas se remodelaran de acuerdo al patrón de pronunciación de la lengua general durante la dominación incaica; en el segundo caso, estaríamos frente al residuo de una pronunciación sustratística de origen aru, pues en la variedad cotérmina de esta familia con el huanca las líquidas cambian a /n/, como el jacaru nupi 'calor', naphra 'hoja', nunku 'costal', etc., provenientes tal vez de sus semejantes quechuas *rupay, *rapra, *runku, respecti­vamente.

Una vez consumado el cambio, el hablante huanca reaprendió la articulación de la /r/, volviendo a incorporarla dentro de su sistema fonológico. Como resultado de ello, la variedad re­gistra poco menos de una veintena de voces que portan dicho seg­mento. Algunas de ellas muestran, en ciertas áreas, la variante patrimonial: así, wila 'grasa' al lado de wira 'gordo', ali ~ ari 'partícula afirmativa corroborativa', kuŝulu ~ kuŝuru 'alga comestible', alan 'pellejo, cáscara' ~ karan 'pellejo de cerdo' <*qara-n 'piel'. Como puede verse, los dobletes están asegurados, en la mayoría de los casos, debido a las especializaciones semánticas (cf. wayra 'rápido'<*wayra 'viento', frente a la voz patrimonial waywa ~ wawya 'viento'). En el caso de karan, así como en los de kari 'varón, sano, laborioso', irki 'enclenque', tunkuri 'gaznate' (cf. con la forma patrimonial tun/uli), se advierte claramente una remodelación en base a un modelo sureño, pues tales formas provienen de *qara-n, *qari 'hombre', *irqi y *tunquri, respectivamente: además de la /r/, también la /q/ fue acomodada como /k/ (veáse 2.31.2). En fin, compárense asimismo las formas jaujinas rata 'tullido', hiri 'apostema', ahruŝ 'variedad de ave rapaz' etc. con sus correspondientes huancaínas lata, ili y a/luy, respectivamente, provenientes de *rata, *qiri y *aqru.

En relación con la cronología, todo parece indicar que el cambio había dejado de operar mucho antes de la llegada de los españoles al Valle (1533) y quizás en una época previa a la conquista incaica (ca. 1460). La readmisión de /r/ en los ejem­plos citados podría achacarse a la influencia superestratística del quechua general, cuya acción se propagó seguramente hasta mucho después de la conquista española. Ya en plena época colonial, y aun durante la república, también pudo haber dejado su huella el quechua misionero. El panorama descrito en los términos pre­cedentes parece convincente. Hay, sin embargo, un resquicio de duda quе lo ensombrece: el préstamo castellano ŝuylu < *suero, que en todos los dialectos quechuas se da como suyru. ¿Significa ello quе el cambio /r/ > l operaba aún a la llegada de los espa­ñoles? Lo cierto es que todos los préstamos castellanos quе conllevan /r/ pasan al huanca preservando dicho segmento, siendo el de ŝuylu un caso único. A falta de otros contraejemplos debe­mos concluir quе aquí estamos frente a un tratamiento esporádico y, en consecuencia, debe mantenerse la cronología postulada.

2.31.2. El segundo gran cambio que afectó al sistema consonántico del PH fue el tratamiento de */q/. Como se sabe, este fonema ha sido y es uno de los segmentos más proclives a sufrir modificaciones en todas las variedades quechuas. Su articulación marcada es seguramente la responsable de dicha propensión. Entre los dialectos quе lo afectaron más drásticamente se cuentan, por un lado, el ecuatoriano y el de la floresta peruana (donde */q/ se fusionó con */k/), y, por el otro, precisamente el huanca. Aquí, el mencionado fonema fue objeto de dos tratamientos distintos y quе corresponden, en líneas generales, a las actuales provincias de Concepción y Huancayo, por un lado, y Jauja por el otro. En lo quе sigue nos ocuparemos de uno y otro resultado.

En la primera área mencionada */q/ cambió a /, es decir a una simple glotal (= "saltillo") en forma irrestricta. Son ejem­plos: (1) *qipi 'atado', *qura 'maleza' y *qal̃u 'lengua', quе dieron */ipi, */ula y */al̃u, respectivamente;
(2) *wiqi 'lá­grima', *puqu- 'madurar' y *paqa- 'lavar', quе
devinieron en wi/i, pu/u- y pa/a-, respectivamente; (3) *ayqi- 'huir', *urqu 'cerro' y *pučqu 'agrio', quе cambiaron a ay/i-, ul/u y puč/u, respectivamente; (4) *wiqti 'legaña', *čuql̃u 'choclo' y *ĉaqna- 'ajustar', que dieron wi/ti, ču/l̃u y ĉa/na-, respectivamente; y (5) *taki-q 'cantor', *atuq 'zorro' y *wamaq 'novedoso', quе devinieron respectivamente en taki-/, atu/ y wama/. Las formas derivadas de (1) aparecen con asterisco toda vez quе en inicial de palabra la */// resultante se ha perdido subsecuentemente o se ha confundido con la ligera oclusión glotálica precursora de toda palabra quе comience por vocal. Al tornarse fonológicamente redundante la oclusión inicial, las emisiones del tipo (1) fue­ron relexificadas como conteniendo vocal inicial, alejándose drásticamente de sus respectivas cognadas en los demás dialectos quechuas. Este hecho, y los procesos de atrición subsiguientes quе afectaron a /// en los demás contextos, contribuyeron a afianzar la idea errada, conforme vimos, de quе el huanca no era un dialecto quechua. Concordemos, sin embargo, quе dicho cambio, así como el de */r/> l, son los responsables de la nueva fisonomía fónica quе adquiere la variedad a la luz de sus congéneres actuales. Dicho nuevo "rostro" resulta más impactante toda vez que, al desaparecer */q/, se esfumaron automáticamente sus efectos coarticulatorios sobre las vocales altas contiguas: así como en el ecuatoriano, en el huanca no se registran las vocales alofónicas [e] y [o]. De allí que pronunciar formas como [we/e] 'lágrima', [oŋ/ol] 'rodilla', etc., que se corresponden con [weqe] y [qoŋqor] en otros dialectos, le sería tan chocante al oído huanca como cuando al hispanohablante le mortifica el moto­seo de las vocales /i, u/ en boca del bilingüe incipiente.

Una vez consumado el cambio, al hablante huanca le fue difícil ya reintroducir la */q/ del quechua general. En ade­lante, dicho fonema será acomodado dentro de su sistema previa identificación con el sonido más cercano: la velar /k/. Los ejemplos de tales reacomodos suman algo más de una docena de lexemas. He aquí una lista cuasi exhaustiva: kuyl̃ur 'estrella', kul̃uta 'manizuela de mortero', kaŝpa 'asar', l̃anki 'sandalia indígena', kinča 'cerco', wal̃ki 'zurrón', kala-ĉaki 'pie des­calzo', kaytu 'hilo', kačwa 'danza', kari 'varón, sano, industrioso', etc. En todos estos ejemplos la /k/ remeda al fonema /q/, y para muchos de ellos se registran sus respectivas for­mas patrimoniales: uyl̃ur, ul̃uta, aŝpa-, l̃an/i, inĉa, wal̃/i, ala-ĉupa 'cola pelada' (= 'zarigüeya'), aytu- 'ovillar' y ačwa, si bien algunas de ellas son ya arcaísmos (las palabras para 'sandalia', 'cerco' y 'danza').

Cronológicamente, el cambio pudo haberse completado antes de la conquista incaica. Sin embargo, habrá quе tener cautela ya que, conforme vimos, los ejemplos de reacomodación presen­tados en el párrafo precedente pueden ser tardíos y no necesa­riamente de cuando el quechua general corría por todo el imperio. La documentación colonial, tanto temprana como tardía, es siempre distorsionadora en los pocos ejemplos quе trae en relación соn la toponimia y la antroponimia: éstas aparecen casi siempre remodeladas dentro del canon de la lengua general. Hay, no obstante, un documento de la penúltima década del siglo XVI harto revelador. Se trata de la "información" recogida por Andrés de Vega en el pueblo de Santa Ana de Sincos (cf. Hincos, en Guamán Poma) en 1582. En dicho documento figura el nombre de un curaca principal del Valle, escrito de dos maneras: canca guala y cancac guacra. Aquí, evidentemente, estamos frente a la práctica común de requechuizar las formas patrimoniales: no cabe duda de que la primera variante correspondía a la pronun­ciación genuina, es decir *[kanka-/ wa/la], proveniente de *kanka-q waqra lit. 'cuerno del asador'. Como se ve, la trans­cripción del escriba pasó por alto la pronunciación del saltillo. El ejemplo, aislado como es, prueba sin embargo definiti­vamente quе el cambio */q/ > / era un hecho consumado antes de la llegada de los españoles y aun, tal vez, se remontaba a la etapa preinca.

Por lo demás, el cambio siguió su curso, debilitándose /// a tal punto de desaparecer casi completamente en unos contextos y buscando la compensación a través del alargamiento vocálico en otros. Las consecuencias de ello han sido el nivelamiento de algunas oposiciones y el surgimiento de otras en base a la cantidad vocálica resultante. En la sección 4 volveremos de pasada sobre este punto, pues su estudio requiere de mucho más detenimiento (cf. Cerrón-Palomino 1976: Cap. VI, para un tra­tamiento más detallado del problema).

Por lo que toca al área jaujina, el cambio quе afectó a */q/ es el de espirantización y desplazamiento, por el cual dicho segmento devino variablemente en [x] y [h], siendo la glotal posiblemente la forma más evolucionada. De acuerdo con él, las emisiones citadas al principio dieron: xipi, xula, xal̃u, wixi, puxu-, paxa-, ayxi-, ulxu, pučxu, wixti, čuxl̃u, ĉaxna-, taki-x, atux y wamax, respectivamente. El carácter velar del reflejo de */q/ (o su variante glotal) está dado por su incapacidad de abrir las vocales altas (cf., a este respecto, las formas ayacuchanas [x)oča] *quĉa 'laguna', [x)eru] < *qiru 'madera'). El cambio es irrestricto, y, como se dijo, la versión glotálica del reflejo es una evolución ulterior quе trae como consecuencia su fusión con el fonema h < */h/, quе aumenta así su escaso rendimiento funcional. El desgaste más radical de [h] se da tras una consonante estridente: así, formas como ishun < *isqun 'nueve', ishuŝ < *isquŝ 'frente', ishiĉa < *isqiĉa 'diarrea', pišhu < *piŝqu 'pájaro' y pičha < *pičqa 'cinco', devienen [isuŋ], [isuŝ], [isiĉa], [pišu] y [piča], respectiva­mente, en algunas hablas. De otro lado, [h] en final de sílaba también desaparece provocando alargamiento vocálico, pero sólo en los sufijos: así [wal̃pa-ka:-ta] 'a la gallina', [mana-la:-mi] 'todavía no', provenientes de *wal̃pa-kaq-ta y *mana-raq-mi, respectivamente. Estas últimas evanescencias son recientes, puesto que se las registra en forma variable. Con todo es interesante notar el estadio final de tal innovación, pues, al menos en tales contextos, el producto es similar al quе encontramos en los otros dialectos del Valle. Es difícil establecer la cronología del cambio, pero no es aventurado sostener quе ello pudo haberse producido en una época antigua. El dialecto tarmeño, su colindante norteño, está reeditando el mismo proceso, pero aquí estamos en su fase inicial (semejante a la del ayacuchano), pues el reflejo de */q/ es una postvelar [x$] que, como tal, abre las vocales altas. Aun así, ya se advierte la alternancia [x$] ~ [x]. Como quiera quе en el jaujino no encontramos ya efectos colaterales de apertura vocálica, podemos inferir quе el cambio es de muy antigua data.

2.31.3. Otra innovación, de distribución geográfica más restringida, es la que afectó a la palatal */č/. En una área coincidente con el territorio actual de Concepción dicho seg­mento se fusionó parcialmente con la retrofleja */ĉ/. De esta manera, voces como *caqču- 'rociar', *čuku 'sombrero', *uču 'ají', *ayča 'carne', *ačka 'mucho', *piča- 'barrer', etc. de­vinieron en ĉa/ĉu-, ĉuku, uĉu, ayĉa, aĉka y piĉa-, respectiva­mente. El cambio no se dio, sin embargo, cuando dicho segmento aparecía ante /i/. Son ejemplos: ma/či- 'esparcir', čima- 'escurrir', čimi- 'aplastar', činka- 'perder(se)', miči- 'pastear', etc., formas todas quе retienen la antigua */č/. Se trata de unа mutación que atravesó toda la gramática, con la excepción señalada, pues no se libraron ni los sufijos: compárense el negativo -ĉu y el factivo -ĉa con el inclusivo -nčik y el cau­sativo -či, formas todas que en PH contenían */č/. Hubo, además, otra excepción: */č/ tampoco devino retrofleja cuando en la misma raíz se encontraba presente otra consonante palatal, espe­cíficamente */l̃/. El fenómeno inhibidor obedece en este caso a una regla de estructura morfémica, que hemos denominado "armo­nía palatálica", según la cual si hay dos consonantes palatales en un mismo morfema, y una de ellas es retrofleja, entonces la otra no puede ser no-retrofleja (cf. Cerrón-Palomino 1976b: Cap. III, 62-63). De este modo, lexemas como *čukl̃a 'choza.', *čukl̃u-ŝ 'grillo', *čuql̃u 'choclo', *čul̃u- 'derretir', etc. muestran inhibición del cambio y devienen, respectivamente, čukča, čukču-ŝ, ču/ču y čuču- (donde la segunda /č/ proviene de */1̃/ ; veáse el siguiente cambio).

La fusión de las africadas dio lugar a que se neutraliza­ran oposiciones como las de *čaki 'seco'/ *ĉaki 'pie', *čaka 'puente' / *ĉaka- 'servir con el cucharón', *mača- 'regar' / *maĉa- 'saciarse', *pučqu 'agrio' / *puĉqu 'puñado', etc. Debido a la fusión parcial de */č/ con */ĉ/, la variedad habla­da en Concepción muestra un déficit en la distribución de la palatal no-retrofleja originaria, la quе sólo ocurre ante /i/ y en la vecindad del reflejo de */l̃/. Este hecho es percibido por los hablantes de las variantes aledañas, quienes advierten que los de la provincia vecina hablan todo con /ĉ/, moteándo­seles como ka-n-ĉu 'no hay' (cf. ka-n-ču) o ĉala-y (cf. čala-y 'hete ahí!').

En materia cronológica, todo indica quе el cambio ante­data a la conquista española, toda vez quе los préstamos del castellano con /č/ no sufren modificación alguna (cf. ha:ča < hacha). Por lo demás, el hecho de quе en algunas localidades (en Inge­nio, por ejemplo) haya vacilación entre unas formas con /č/ y otras con /ĉ/ sería un indicio de que aquí también, una vez consumado el cambio, la /ĉ/ derivada se remodeló en /č/ de­bido a una influencia tanto de tipo superestratística como también adstratística. Ello no ocurrió, sin embargo, más allá del léxico, pues los sufijos afectados preservan tenazmente /ĉ/. El proceso de retroflexión no deja de ser sorprendente, después de todo, ya quе en la historia de la evolución del que­chua fue el protofonema */ĉ/ el quе cambió a /č/ en muchos dia­lectos, hecho que articulatoriamente parecería mucho más natu­ral.

2.31.4. En el mismo territorio en el quе se dio el proceso de retroflexión tuvo lugar otro cambio estrechamente ligado a aquél. Se trata de la delateralización de */l̃/, quе devino en č. De acuerdo con ella, lexemas como *qal̃a- 'comenzar', *qil̃ay 'cobre', *kul̃u 'tronco', *ayl̃i- 'alborear', *mil̃wa 'lana', *tul̃pa 'fogón', etc. cambiaron a ača-, ičay, kuču, ayči-, mičwa y tučpa, respectivamente. El cambio no se dio, sin embargo, en inicial de palabra, toda vez que voces como *l̃apsa 'liviano', *l̃api- 'estrujar', *l̃antu 'sombra', *l̃ipta 'ceniza comestible', etc. no sufrieron modificación alguna. La forma l̃uču < *l̃ul̃u 'tierno' ilustra plenamente el proceso.

El fenómeno, como se dijo, parece ser producto de un "cam­bio en cadena" como los estudiados por Martinet. En efecto, el proceso de retroflexión quе afectó a la */č/ original dejó a ésta con una carga funcional muy baja, circunscribiéndola a un reducido contexto. Una lengua con predominio de /ĉ/, con apenas unas pocas ocurrencias de /č/ como contraparte, resultaba ciertamente violatoria de un principio (¿universal?) según el cual la existencia de una africada retrofleja supone su contraparte no-retrofleja. Creemos quе ello habría acarreado como consecuencia el cambio de delateralización, aun cuando la sugerencia corra el riesgo de caer en explicaciones teleológicas. En vir­tud de él, el vacío dejado por */č/ se "llenaba" ahora gracias a la nueva /č/ proveniente de */l̃/. Ello significa asimismo quе, en términos de cronología relativa, la retroflexión ante­cedió a la delateralización : la nueva č < */l̃/ ya no cambió a ĉ. Tenemos aquí una razón más para creer quе el primer cambio debió haberse producido en la etapa preincaica. Por lo quе toca a la delateralización, préstamos castellanos tan antiguos como kučil̃u < cuchillo no sufren ya modificación.

Lo curioso del cambio radica, como se habrá podido apre­ciar, en su inhibición en posición en inicial de palabra. No se nos ocurre ninguna hipótesis quе pueda dar cuenta de ella. Otro hecho igualmente inusitado es quе el fenómeno se haya dado en medio de un vasto territorio quе desconoce tratamiento seme­jante. Los dialectos quе registran delateralización de */l̃/ se ubican al norte del QI (por ejemplo, Cajamarca y Ferreñafe) y al sur de QII (en el argentino), y en ambos casos el cambio fue general de */l̃/ a , ensordeciéndose este último en final de sílaba ante consonante sorda. En el caso nuestro no hay rastros de que el paso intermedio entre */l̃/ y č haya sido una africada sonora. En la sección 3 volveremos a tratar sobre este punto ensayando otra posible hipótesis sobre el origen del cambio. Por lo demás, para un estudio más detallado de éste y del pro­ceso anterior, ver Cerrón-Palomino (1973a, 1976b: Cap. IV).

2.32. Morfología. En la presente sección nos ocuparemos de los cambios quе afectaron a los morfemas propuestos en la sección 2.2. Primeramente se tratarán los sufijos nominales y luego los verbales.

2.32.1. Sufijos nominales. En relación con las referencias personales de posesión el sistema permaneció sin modificación alguna. La alternancia de la marca de segunda persona -yki ~ -ki, cuando la base terminaba en /i/ (wasi-ki 'tu casa', pero čuku-yki 'tu sombrero' y uma-yki 'tu cabeza'), se consolidó invariable­mente a favor de la segunda persona. Otro tanto ocurrió con la forma de dicho sufijo en la subordinación obviativa: al parecer inmediatamente tras
-pti devino en -ki y ulteriormente apocopó su vocal (así, miku-pti-k en lugar de miku-pti-yki 'si es que comes'). En cambio, en el sistema de casos se produjeron algu­nos reajustes formales. Así, en el genitivo, la regla opcional según la cual
*-pa podía apocoparse cuando la base terminaba en vocal breve se torna categórica en todos los dialectos, con la excepción de algunas hablas del jaujino, donde se retiene inva­riablemente -pa (así, nuna-pa 'de la persona'). El morfema acu­sativo en su variante -kta, que ocurría sólo después de vocal breve, se simplifica en -ta en la variedad jaujina así como también en las hablas orientales del huancaíno (distritos de Cochas, Comas, Andamarca y Acobamba). Como resultado de ello, tales variedades "suenan" sureñas (cf. tanta-kta versus tanta-ta). El ablativo, que mostraba la alternancia entre *-pi-q-ta y *-pi-ta, se consolida definitivamente asumiendo una y otra forma en diferentes territorios: la primera en las actuales provincias de Huancayo y Concepción (bajo la apariencia de -pi/ta) al par quе la segunda sólo en la antigua circunscripción de la parcialidad de Jauja. En el primer caso persiste la varia­ción subalomórfica entre -pi/ta y -pi/. Finalmente, la cons­trucción nominal con *ka-q pierde su matiz existencial para asumir, previa univerbación, un claro valor de artículo deter­minante. Gramaticalizado como -kaq será objeto de los cambios que afectaron a */q/, deviniendo en -ka/ y -kah, respectiva­mente. Ulteriormente la primera forma sufrirá mayores desgastes en las hablas sureñas y orientales de Huancayo, a tal punto de convertirse, en el caso más drástico de deterioro, en un simple alargamiento vocálico (cf. [walmi-:-ta] versus [walmi-ka:-ta] 'a la mujer', forma esta última del sicaíno; para el tratamien­to del artículo, ver Cerrón-Palomino 1976b: Cap. VII, sección 7.1.2.). Un dato digno de mencionarse es el hecho de quе en las áreas dialectales mencionadas para -ka/ y -kah, el ordenamiento entre este sufijo y el pluralizador -kuna varía: en Huancayo y Concepción el determinante va después del plural y en Jauja ocurre la situación inversa. Como se ve, se trata de un dife­rente proceso de "congelamiento" a favor de un ordenamiento quе antes era más elástico.

2.32.2. Sufijos verbales. En relación con las referencias actanciales, las formas del presente, luego del reajuste de *-yki 'segunda persona' en -nki, no sufrieron ya alteración alguna. Apenas si en el dialecto de Concepción los temas quе conllevaban el durativo *-yka: recibían, vara la primera persona, el estribo
-ni < *-ñi, sobre cuya vocal se colocaba el alargamien­to respectivo : li-yka:-ni-: 'estoy oyendo'. Nótese quе en este caso el recurso a -ni es predecible: ocurre después de vocal larga o tras consonante. En vista de que el auxilio de -ni en casos similares se registra en otros dialectos ajenos al huanca (cf. Adelaar 1984), el procedimiento en cuestión debe atribuirse a una etapa anterior al PH. En cuanto a las formas del pasado, el sistema actancial sufre un cambio: como en el caso del pre­sente, la segunda persona se reestructura pasando de -yki a -nki en el territorio de la provincia de Huancayo, quedando Concep­ción y Jauja como zonas que retienen la forma antigua (cf. H. ŝamu-l/a-nki versus C.J. ŝamu-la-yki 'viniste').

En cuanto a las marcas de tiempo, todas del tipo -C1C2V, la alternancia señalada entre -C1C2V ~ -C1V se configura terri­torialmente. Así, el participio de futuro *-nqa se simplifica en -na definitivamente en toda el área huanca (cf. *miku-nqa-n-paq > miku-na-n-pa/ 'para que él/ella coma'). De esta manera,
-na deviene en homófona de -na 'concretizador', dando lugar a la polisemia de una forma como miku-na, que puede significar 'comida' tanto como 'lo quе ha de comerse'. En este caso, el hecho de que el jaujino registre -na < *-nqa nos está indicando quе la caída de */q/ no se debe al cambio */q/ > / > ø ocurrido en Huancayo y Concepción. Se trata, por el contrario, de un proceso de simplificación consonántica común a todos los dialectos quechuas. El participio de pasado *-sqa sufre igualmente simplifica­ción en toda el área huanca (cf . H-C-J. miku-ŝa 'comido'). En cuanto a la marca del pasado simple, sin embargo, las cosas ocurrieron de manera diferente: la simplificación consonántica sólo se afianzó en Jauja, donde dio -la (cf. miku-la 'comió'), al par quе en Нuаnсауо y Concepción se mantuvo la forma enteriza, dando, por evolución natural, -l/a (cf. miku-l/a). Nótese quе en la medida en quе en Concepción y en el norte de Нuаnсауо la glotal se evapora tras consonante, no habría en realidad modo de saber a ciencia cierta si en dicha área se produjo o no la evolución ulterior -l/a > -la. ¿Cómo probamos que allí no cris­talizó más bien la opción jaujina? El problema no admite por el momento una respuesta definitiva. Si postulamos para toda el área no jaujina una forma -l/a es simplemente porque hay mucha más afinidad entre Huancayo y Concepción que entre cualquiera de estas áreas y Jauja. Por lo demás, la pronunciación de la glotal de -l/a es nítida en el extremo sur de Huancayo.

En relación con las marcas del durativo, mencionaremos quе *-ĉka: sufrió un proceso idiosincrático de derretroflexión, deviniendo en -čka: (así también ocurrió, al parecer, con la forma condicional sintética de la primera persona plural *-ĉwan > -čwan); de otro lado, *-yka: sufrió igualmente un proceso de simplificación consonántica en toda el área huanca, dejando algunas zonas conservadoras en los territorios de las tres provincias. La distribución actual de -yka: ~ -ya: no sepa­ra, pues, áreas tajantes, por lo quе puede colegirse quе el proceso simplificatorio es general, el mismo quе sigue vigente aún (para la distribución exacta de ambas variantes, ver Cerrón-Palomino 1976b: Cap. VII, sección 7.1.1.). Incidentalmente, debe notarse quе, de acuerdo соn una regla de estructura morfémica general, la vocal larga de dichos sufijos se acorta cuando apa­rece trabada por una consonante (cf. miku-čka:-ŝa 'estaré co­miendo mientras...', miku-yka:-ŝa 'estaré comiendo'; pero miku-čka-nki 'estarás comiendo mientras...', miku-yka-nki 'es­tás comiendo').

Cuanto a los sufijos direccionales, debe señalarse que sólo *-yku y
*-rqu
sufren simplificación consonántica. El in­ductivo, sin embargo, aparece simplificado apenas en dos peque­ñas áreas: Huacrapuquio, al sur de Huancayo, y Chanchayllo, al norte de Jauja. En el primer caso se trata sin lugar a dudas de un cambio abortado, pues sólo se han encontrado informantes ancianos quе empleaban, por ejemplo, una forma como miku-yu-y '¡come, pues, por favor!', al par quе lo normal es decir miku-yku-y. En el segundo caso, donde es corriente la forma -yu (cf., por ejemplo, šama-yu-sun '¡descansemos!'), estamos clara­mente frente a una influencia del dialecto vecino de Tarma, donde la norma es la forma abreviada. La suerte de *-rqu es, por otro lado, más compleja. De una cosa se puede estar segu­ro que la simplificación se dio en Jauja, donde se registra -lu (cf. miku-lu-n 'terminó de comer'). En el resto del Valle se encuentran formas derivadas de -l/u, unas veces con la supresión de /// y otras en forma metatizada, es decir -/lu (cf. miku-/lu-n frente a miku-lu-n). Naturalmente quе allí donde se encuentra -lu es difícil decir, como en el caso de -la < -l/a 'pasado', si la versión anterior fue simplemente -lu < *-ru, como en el jaujino. Como quiera quе -lu se encuen­tra en áreas quе preservan aún la glotal (en Acobamba, por ejemplo), bien puede concluirse quе la simplificación se dio también en territorios no-jaujinos.

Finalmente, en relación con los modales, quе eventualmente devinieron en pluralizadores, señalemos quе su empleo estaba determinado por factores contextuales y semánticos: mientras quе -pa:ku tiene un uso más generalizado (aunque no aparece jamás con los durativos, visto su origen *-pa-ya-ku), los otros dos se dan en forma más restringida (-lka: se emplea por lo general con el durativo -yka: , posiblemente luego de distintas etapas de gramaticalización). La forma
*-rqa:ri
dio invariable­mente -la:li, hecho quе prueba quе aquí *-rqa (< *-rqu) se simplificó en todas las hablas huancas : *-rqa:ri > ra:ri. En Cerrón-Palomino (1987: Cар. VII, sección 7.3.2) ofrecemos una hipótesis sobre el origen de tales pluralizadores.

3. Correlaciones etnohistóricas

Hasta aquí hemos ofrecido la historia de la evolución interna del huanca. En la presente sección ensayaremos lo que podría llamarse la historia "externa" de la lengua. Lo que qui­siéramos hacer es proponer un cuadro interpretativo de los acontecimientos histórico-culturales que sirvieron de marco dentro del cual tuvieran lugar los cambios lingüísticos for­mulados, para dar lugar a la situación dialectal que encontramos en la actualidad. En tal sentido, el cuadro de correlaciones lingüístico-culturales quе ofreceremos deberá basarse en las informaciones arqueológicas y etnohistóricas disponibles y quе, dada la naturaleza hipotética de las mismas, el encompasamiento quе propondremos tendrá igualmente un carácter nece­sariamente provisional.

En relación con la prehistoria del Valle del Mantaro, los datos arqueológicos sugieren quе alrededor del año 2,000 a. C. se advierte la emergencia del arte de la alfarería, y, con él, el surgimiento de aldeas. Había terminado una larga etapa (de por lo menos 10,000 años de antigüedad) de vida nomádica en la que la economía estaba basada únicamente en la recolección, y se daba inicio a la ganadería y la agricultura en pequeña esca­la. La cerámica perteneciente a dicha época denuncia contactos externos: se trata del estilo chavinoide. Los asentamientos tempranos, descubiertos por Ramiro Matos (1971, 1972), se caracterizan por estar localizados siempre a la vera de lagu­nas y manantiales. Se trata de la época formativa y del primer intento de unificación andina bajo la férula del estado de Chavín, el mismo que declina alrededor del 300 a.C. Con la caída de Chavín, los pueblos vallemantarinos entran en una etapa de relativa autonomía que, al igual quе en otras regiones, desemboca en un profundo regionalismo (cf. Espinoza Soriano 1973: 18) Esta etapa, que se prolonga hasta los primeros siglos de la era cristiana, es oscura y confusa. Lingüísticamente, la antroponimia. Algunos de tales rasgos son comunes al QI y otros acusan más bien una influencia local. Fonológicamente, hay dos fenómenos que nos atreveríamos a postular como de origen aru: el cambio de la secuencia */a-ya/ en a: y el lambdacismo */r/ > l, el primero registrable en todo el QI y el segundo en las hablas quechuas de la costa central. En re­lación con la elisión de yod y la contracción vocálica subsiguiente en una larga, los dialectos aru actuales muestran su pervasividad: las hablas aimaras actuales testimonian con largueza dicho proceso (cf., por ejemplo, naya ~ na: 'yo', khaya ~ kha: 'allí', phaya- ~ pha:- 'cocinar', thaya ~ tha: 'viento', -rpaya ~ -rpa: 'acción múltiple', etc.). Como se dijo en 2.14, el hábito por la elisión y contracción de dicha se­cuencia habría determinado el acrecentamiento de vocales lar­gas en el QI, quе ya existían, si bien en forma limitada, en los pocos lexemas heredados de la lengua sustratística. Por lo quе toca al cambio */r/ ~ l, igualmente, las variedades aru habrían influido con su propensión a reemplazar la */r/ inicial en l o en n. Dicha proclividad se habría generalizado en el Valle, afectando al segmento */r/ en todos los contextos. En cuanto al léxico común, aun cuando el autor no ha realizado un escrutinio minucioso del mismo, salten a la vista las palabras ñi/i < *ñiqi 'barro', alta- 'levantar algo de un recipiente o de un pozo соn la ayuda de un cucharón o de una azada', malka < *marka 'pueblo', aywa- 'ir', y *ya 'mi/yo'. Cuanto a las dos primeras voces, registra­das únicamente en el huanca, se tienen las correspondientes aimaras ñiq'i y al-ta- (donde el sufijo -ta indica movimiento hacia arriba), con la misma significación. La raíz aywa-, por su parte, común a los dialectos norteños de QI, incluyendo al jaujino, se entronca seguramente con la aimara aywi- 'andar juntas personas o animales' (notése también, de paso, el ancashino piqa 'cabeza' frente al aimara p'iqi). Finalmente, el pronombre *ya, empleado únicamente en las hablas de Concepción y Huancayo soldado al antiguo marcador de tópico *-qa, es decir ya/a, no parece ser sino el elemento -ya del pronombre aimara no se está en condiciones de señalar qué lengua o lenguas ha­blaban los pobladores del Valle.

Durante los primeros siglos de nuestra era surgen las lla­madas "culturas clásicas" sobre la base del control de ciudades-estados tales como las de Moche, Cajamarca, Recuay, Lima, Nazca y Tiahuanaco. Por lo que toca a las tres últimas, las lenguas que vehiculizaron fueron con toda probabilidad la quechua, la aru y la puquina, en sus versiones primigenias. De ellas, las primeras en expandirse habrían sido la puquina y la aru, esta última en dirección este, hacia Ayacucho y Huancavelica, y norte, cubriendo aproximadamente la serranía limeña, Junín, Cerro de Pasco, parte de Ancash. Por consiguiente, el poblador del Valle del Mantaro habría devenido en aruhablante, permaneciendo como tal por algunos siglos hasta quе se produjo la primera incursión de quechuahablantes a la sierra norcentral. Dicha invasión habría tenido lugar a fines del Intermedio Temprano y la Epoca II del Horizonte Medio (alrededor del 400-450 d.C.). El quechua quе irrumpía a la sierra se constituiría en el PQI, al par quе el quе quedaba en la costa daría lugar al PQII.

Una vez asentado el quechua en el Valle, éste habría ido configurándose en lo quе denominamos PH. Ello habría ocurrido durante todo el resto del llamado Horizonte Medio o Huari. El triunfo de los hablantes quechuas sobre los pobladores locales de lengua aru estaría simbolizado en la huida del héroe Huallallu hacia los nevados del actual Huaitapallana, conocido hasta hoy con el mismo nombre, es decir [walalu] (Espinoza Soriano 1973: 19). Es en esta época igualmente quе se establece el culto al dios Huari, erigiéndose un templo en la localidad de Huancan-Huali, centro de peregrinación obligada de todos los pobladores del Valle. Este período de unidad correspondería a la hegemonía de Huari (соn su capital en Viñaque), prolongándose durante su fase epigonal hasta el siglo XII.

Lingüísticamente, el PH se configura moldeándose ante el impacto del aru local (y del vehiculizado por Huari), quе actúa romo lengua de sustrato. La impronta aru puede descubrirse en el sistema fonológico, en el léxico común, en la toponimia y naya 'yo'. Que aquí *na y *ya eran independientes lo estaría probando el plural exclusivo na-naka (y no *na:-naka, que sería la forma proveniente de *naya-naka). En otro lugar (cf. Cerrón-Palomino 1979) hemos postulado asimismo *-ya como la marca de la primera persona posesora-actora del PQ (cf. también con el pluralizador -ya: del quechua de Huailas), por lo que asumimos que el préstamo (?) habría tenido lugar en una etapa mucho más remota. En relación con la toponimia rodemos mencionar, sin el menor atisbo de ser exhaustivos, los siguientes nombres: Acaya, Sicaya, Alata y la forma híbrida Cota-huasi, donde, en las dos primeras, encontramos el sufijo aru -ya, de significado incierto (además Sicaya es topónimo quе evoca el de Sisicaya, y, sin esto, se repite en el altiplano); el tercero significa simplemente 'vendido' < *ala-ta y el último tiene la forma *quta 'laguna', pronunciada posiblemente uta. Pero no sólo eso, pues también es frecuente encontrar topónimos quе delatan una sufijación aru: tal los casos de Tinyali, Huancani, Huamali y Llahwali, donde se advierten los sufijos *-ri 'agentivo' (en aimara -iri) y -ni 'posesor', unidos a palabras quechuas como tinya- 'liar, golpear' (cf. tinya 'tamboril'), wanka 'mole gra­nítica', wama 'raro' y tal vez lahwa < *laqwa 'vicuña'. En cuan­to a la antroponimia baste con mencionar el apellido linajudo Alaya, quе en aimara significaría 'siguiente' o 'arriba'.

Como se ve, tal parece quе la impronta aru en el huanca es evidente. Aunque sin pruebas fehaciente, la idea de un sustrato de tal naturaleza (aimara en la historiografía tradicional) en el huanca ha sido sostenida por algunos estudiosos, entre ellos Vienrich (1905: xciii-xciv) y Vásquez (1949). El primero llega incluso a cuestionar a los autores del Políglota por considerar el topónimo Apata como aimarismo. En efecto, dicho nombre pro­viene del PH *qaqa-pata 'andén del barranco', por evolución regular (la pronunciación en quechua es [a:pata]). De la lectura del trabajo del segundo autor se deduce, por lo demás, quе el término huanca alude a la lengua pre-quechua, es decir la variante aru local.

Tras la ruptura del segundo intento de unificación andina, se produce lo quе se denomina el período de los reinos y confederaciones, o sea el "segundo regionalismo", y que abarca desde el siglo XII hasta la conquista incaica (ca. 1460). La confederación de las setenta aillus del Valle del Mantaro con­seguida en el período anterior, y que los oponía como grupo étnico diferente a los Tarma y Chinchaicocha, sufre un primer resquebrajamiento: el grupo macroétnico se subdivide agrupán­dose entre los Shaushas y los Huancas. Lo que nos dice la historiografía tradicional, sin embargo, es quе justamente en este período se habría producido la unificación del reino huanca gra­cias a los esfuerzos de un caudillo cuyo nombre se ignora (cf. Espinoza Soriano 1973: 28). No dudamos quе, en efecto, pudo haberse logrado tal unificación politica (en realidad, la unidad ya se había dado en la fase anterior), pero lingüísticamente se advierte, por el contrario, una primera fisura quе obviamente debe estar reflejando la escisión étnica mencionada.

Ahora bien, ¿cuál es el correlato lingüístico de dicha ruptura? Se trata, fonológicamente, del cambio */q/ > / (cf. sección 2.31.2), quе afecta únícamente al supra-aillu de los huancas de manera nítida (todo el territorio actual de Huancayo, Concepción y el sur de Jauja). La mutación no se da, pues, entre los antiguos shaushas, donde por el contrario se registra un tratamiento diferente de */q/, quе se espirantiza en h. Los cambios mencionados, al darse en forma autónoma entre una y otra etnia, lejos de suponer una unidad nos están indicando una primera división político-étnica. A la luz de esta parti­ción puede comprenderse igualmente cómo el cambio */s/ > h (cf. sección 2.11) ya no se propagó al jaujino, permaneciendo la sibilante como un rasgo arcaico. Léxicamente, de otro lado, se advierte igualmente una partición clara entre ambas etnias (ver sección 4.21.4). Baste con señalar acá quе mientras entre los huancas se consolida el empleo del pronombre de primera persona ya/a < *yaqa, entre los shaushas persiste la forma panquechua ñuha < *ñuqa, para expresar la misma categoría. De allí quе podamos hablar, lingüísticamente, de un ya/a-huanca en oposición a un ñuha-huanca, derivados de un huanca común o PH.

Tenemos, pues, a la vista una situación en la cual los fenómenos lingüísticos parecen correlacionarse estrechamente con los eventos histórico-políticos. Que las dos etnías se dis­tinguían nítidamente lo podemos comprobar gracias a un dato que nos proporciona Pedro Pizarro. Este cronista (cf. Pizarro [1571] 1978: Cap. XIII, 75) nos habla de la existencia de dos parcialidades dentro del Valle: "Estos naturales de Xauxa son dos parcialidades: unos quе se llaman xauxas, y otros guancas". La referencia es interesante toda vez quе la misma diferenciación étnica subsiste a la fecha: los jaujinos no se consideran "huancas"; para ellos huancas son los de Concepción para abajo. Lejos de ser, pues, esta división producto de una definición escolar que se nutre de la historiografía tradicional, ella se alimenta de un sentimiento ancestral quе se remonta a por lo menos el siglo XII. Y, lo quе es más interesante, el mismo cronista añade a renglón seguido lo siguiente: "Todos ellos [los shaushas y huancas] traen los cauellos largos, y unа manera de coronas en la caueça, cortado el cauello. Los xauxas traen unas faxas coloradas alrededor de las caueças, de anchor de una mano; los guancas las traen negras". De esta manera, el color de la vincha simbolizaba sin ambages la filiación étnica de los pobladores del Valle.

Como se dijo, tal división no habría sido obstáculo para que prosperaran, superando rivalidades y antagonismos entre ambas etnías y aun al interior de cada una de ellas (los cro­nistas nos cuentan de tales pugnas), alianzas interétnicas, sobre todo ante la inminencia de amenazas foráneas como cuando se produjo la conquista incaica. Después de todo, la unidad cultural, religiosa y ciertamente lingüística (a despecho de las fisuras mencionadas) seguía vigente. Pero la confederación política, invocada en momentos de peligro, no podía garantizar una cohesión lo suficientemente estrecha como para mantener unа nivelación lingüística. De allí quе las tendencias innovadoras se manifestaran por separado.

La confederación interétnica sucumbe, como se sabe, tras encarnizada resistencia (que tiene como último reducto la for­taleza de Tunanmalca), ante las huestes cuzqueñas al mando del general Cápac Yupanqui y su sobrino Túpac. Ello debió ocurrir alrededor de 1460. Sojuzgados los huancas y shaushas, son objeto, de acuerdo con la política imperial, de profundas reorganizaciones sociales, políticas y económicas. Dentro de la recomposición social es de notarse que los incas trasladan poblaciones íntegras del Valle a lugares tan lejanos como Chachapoyas y Pocona (Cochabamba). De otro lado, mitmas pro­venientes de remotos confines son establecidos entre los nati­vos (cf. Espinoza Soriano 1973: 46-47). Políticamente, la provincia (wamani) es dividida en tres parcialidades: Hatun-Shausha, con su capital Shausha; Lulin-Huanca, teniendo como cabecera política al pueblo de Tunan (hoy San Jerónimo de Тunаn); y Hanan-Huanca, con su capital en Sicaya. Al tiempo de la llegada de los españoles, los pobladores recordaban quе dicha división había sido ordenada por los últimos incas. Dice Cieza de León al respecto "Estaban todos [los pobladores del Valle] repartidos en tres parcialidades: aunque todos tenían y tienen por nombre los Guancas. Dizen, que del tiempo de Guaynacapa o de su padre ouo esta orden: el qual les partió las tierras y términos" (cf. Cieza de León [1553] 1984: Cap. LXXXIV, 242). Nótese quе la cita de este cronista entra en contradicción con la quе nos proporciona Pedro Pizarro, pues mientras quе éste usa como nombre genérico para los habitantes del Valle el término de xauxas, Cieza emplea el de guancas. Sin embargo, dicha contradicción desaparece desde el momento en quе, aun cuando Pizarro nos habla de los "naturales de Xauxa", en seguida distingue entre shaushas propiamente dichos y huancas. A la luz de ello, el empleo de guancas en sentido genérico por parte de Cieza resulta inapropiado. Es indudable, por lo demás, que si el primero hace referencia a los "naturales de Xauxa" estaba pensando en Jauja como la provincia incaica.

Ahora bien, como quiera quе en la provincia de Víctor Fajardo (Ayacucho), concretamente en los distritos de Sancos, Lucanamarca y Sarhua, aún subsisten divisiones étnicas quе icónicamente remedan la división tripartita del Valle del Mantaro (Hanan-Нuаncа, Lurin-Huanca y Sawqa, en Huancasancos; Hanan-Нuаncа y Lurin-Нuаncа en Lucanamarca; y Sawqa, Lurin-Huanca y Chunku, en Sarhua), Earls (1981), en base a ciertas correlaciones arqueológicas y etnohistóricas, postula que tales divisiones probablemente se remonten a una época pre-huari, como reflejando una "estructura bélica". Habría, pues, según dicho estu­dioso, una relación interregional entre los huancas del Mantaro y los de Qaracha, de suerte que la división tripartita no sería una innovación incaica. Por nuestra parte creemos, con Zuidema y Palomino (1984: 49-52), que los qaracha-huancas no son sino transplantes de mitimaes de las tres parcialidades del Valle del Mantaro, incluyendo a la etnia de los chunku (cf. Chongos, en la actualidad). Su condición de mitmas explicaría en parte la extrañeza del propio Earls frente a la pobreza de informa­ción sobre los qaracha-huancas en la documentación colonial.

Volviendo a los pueblos del Valle, debe señalarse quе la nueva demarcación introducida por los incas significa el des­membramiento político-administrativo del territorio étnico de los huancas, mas no del de los shaushas, que permanece inafectado. Como veremos, esta segunda escisión dará como resultado una nueva fragmentación lingüística. En efecto, es dentro de la parcialidad de Lulin-Huanca, y sólo en ella, quе se producen dos cambios: el de */č/ > ĉ y el de /l̃/ > č (cf. 2.31.3 y 2.31.4). Encontramos aquí, como se ve, una nueva correlación lingüístico-administrativa inobjetable. Ahora bien, mientras quе para la primera mutación no tenemos más remedio quе aceptar una motivación interna, para la segunda (que, conforme se vio, pareciera igualmente haberse originado por presión del sistema) hay, quizás, razones de naturaleza externa.

Sucede quе, según informaciones proporcionadas por Espinosa Soriano (1973: 34), la parcialidad de Lulin-Huanca recibió contingentes mitmas chachas, cañaris y llaguas. El dato podría pasar como una simple referencia, toda vez quе las otras dos parcialidades también acogieron a mitmas de distinta procedencia (mencionemos solamente a los lupacas en el sur de Hanan-Huanca y a los casha-malcas en Hatun-Shausha). El hecho es, sin embargo, quе los cañar parecen haber tenido el cambio */l̃/ > , pues los cañaris de Ferreñafe también le imprimieron a su quechua la misma modificación. ¿No será entonces quе la delateralización registrada en Lulin-Huanca se debió a los hábitos articulatorios que traía el hablante cañar? La existencia del cambio tanto en el Valle como en Ferreñafe, con la presencia de cañaris, resulta tan coincidente que verdaderamente uno se siente tentado a postular entronques. Con todo lo atractiva quе fuera, la hipótesis de un influjo cañar no parece tener mayor fuerza. En primer lugar, para referirnos sólo a la región y alrededores, cañaris los hubo también en Tarma y en Cerro de Pasco (cf. Espinoza Soriano 1976); de otro lado, los cashamalcas de Hatun-Shausha tampoco habrían desconocido el cambio */l̃/ > , tipificador de su zona de origen. No obstante ello, quе sepamos, en ninguna de tales áreas se registra un cambio parecido. ¿Podría ser quе el contingente cañar de Lulin-Huanca era tan numeroso quе logró imprimirle al quechua del lugar dicho hábito? Lamentablemente no tenemos datos al respecto, como se tienen por ejemplo infor­maciones demográficas para la colonia de mitmas huancas en Pocona (Cochabamba), quе a fines del siglo XVI contaba con 3,000 individuos (cf. Espinoza Soriano 1973: 47). Creemos quе dicha cifra sí es importante como para pensar en posibles influencias de carácter idiomático. Los estudios etnohistóricos y demográficos de la colonia podrán quizás, en el futuro, echar más luces sobre la composición numérica de las poblaciones mitmas. Mientras tanto, queda la idea general de quе los colonos se asimilaban lingüísticamente a los patrones del habla local (luego de un prolongado bilingüismo o bidialectalismo seguramente) los datos podrían probar, a lo sumo, el registro de dobletes o reacomodos léxicos aislados, pero no de influencias que afecten al sistema de la lengua. Por las consideraciones señaladas, creemos que sería muy aventurado achacar el cambio */l̃/ > č a una influencia cañar, y, en tal sentido, preferimos mantener la hipótesis de su motivación interna y no exógena.

Como se habrá podido apreciar, en las tres parcialidades del Valle se configuraron tres variedades dialectales nítida­mente distinguibles. Las diferencias eran tan notorias quе no hacía falta la percepción del especialista para descubrirlas. De allí quе la información levantada en 1582 nos precisara quе "cada repartimiento de los tres deste Valle tiene su lenguaje diferente uno de otro". Se sabe quе, cuanto a informaciones lingüísticas, la documentación colonial no siempre es precisa, y, por el contrario, a veces se exagera cuando se nos dice que, por ejemplo, en cada pueblo o en cada valle había lengua diferente. Lo cual no debe extrañar ya quе, ante la mirada del pro­fano, ligeras variaciones dialectales pueden aparecer como fron­teras idiomáticas. En el caso de la información citada, sin embargo, estamos frente a un hecho real: ciertamente, quе sepa­mos, no hay un dato etnohístorico quе nos regale una verdad incuestionable. Comentando el pasaje mencionado, Espinoza Soriano (1973: 34) dice quе la afirmación de la existencia de tres dialectos "debe ser un equívoco". Por el contrario, en nuestro trabajo de campo realizado en 1972, y sin conocer aún el texto de dicha información, pudimos delimitar y zonificar tales variedades: la coincidencia dialectológica-documental resulta sencillamente asombrosa. El diagrama quе ofrecemos a continuación busca reflejar los desmembramientos lingüístico-étnicos postulados, así como su cronología respectiva.

4. Ojeada sincrónica: situación dialectal

Tal como se ha venido mencionando implicitamente, el quichua-huanca es hablado en los territorios de las provincias juninenses de Jauja, Concepción y Huancayo. Tomando como isoglosas el cambio */r/ > l y el empleo del artículo, las fron­teras de la variedad coinciden exactamente, por el norte y el noroeste con las provincias de Tarma y Yauli, respectivamente; por el oeste con la provincia limeña de Yauyos; por el sur con el departamento de Huancavelica; y por el oriente con las pro­vincias juninenses de Chanchamayo y Satipo. Como se dijo, sin embargo, el fenómeno del lambdacismo se prolonga (aunque no de manera sistemática) en algunos puntos del quechua yauyino y en el de los distritos huancavelicanos de Moya y Vilca. Asimismo, en algunos puntos de la provincia huancavelicana de Tayacaja se encuentran hablas (como la de Carampa) típicamente huancas. Siendo así, en realidad, el uso del artículo sería la isoglosa exclusiva que caracteriza al quichua-huanca en su conjunto.

Ahora bien, las tres subvariedades quе se divisan al interior del supralecto se definen de acuerdo con las siguientes isoglosas: (1) los cambios */q/ > / y */q/ > h configuran las subvariedades de Yaqa-Huanca y Ñuqa-Huanqa, respectivamente; (2) las mutaciones */č/ > ĉ y /l̃/ > č, de otro lado, aislan al Huaicha-Huanca del Huailla-Huanca, al interior del yaqa-huanca. Tales subdialectos, como se dijo, se distribuyen geográfica­mente coincidiendo, en líneas generales, con la demarcación política de las actuales provincias de Jauja, Concepción y Нuаnсауо, quе, a su turno, responde a la antigua división de las tres parcialidades, es decir Hatun-Shausha, Lulin-Huanca y Hanan-Huanca, respectivamente.

4.1. Zonificación dialectal

Tras haber realizado dos trabajos de campo (1972, 1975), a lo largo y ancho del Valle, pudimos determinar los limites precisos de las subvariedades en cuestión. Los linderos lin­güísticos, teniendo como eje vertical el río Mantaro, son como sigue: (1) el shausha-huanca cubre la mayor parte de la pro­vincia de Jauja, limitando por el sur, en la margen derecha, con el anexo de Pacamarca, perteneciente al distrito de Huancaní; y en la margen izquierda termina en el distrito de Pucucho (hoy Mantaro); (2) el huaicha-huanca cubre igualmente buena parte de la provincia de Concepción, pero incluyendo por el norte algunos distritos jaujinos y por el sur algunos otros pertene­cientes a Huancayo: por el norte, en la margen derecha, llega hasta el distrito jaujino de Muqui, y, por la margen izquierda, hasta el distrito de Huamali (Jauja); por el sur limita, en la margen derecha, con el distrito de Sicaya, y en la margen izquierda alcanza hasta el distrito de Hualhuas (Huancayo); (3) el huailla-huanca cubre casi toda la provincia de Huancayo y parte de Concepción: por el norte, en la margen derecha, limita con el distrito de Orcotuna (Concepción), y en la margen izquierda, con el distrito de Hualhuas; por el oriente se pro­longa por los distritos concepcioninos de Cochas, Comas y Andamarca, y por el occidente cubre también los distritos de Manzanares y San José de Quero (Concepción), exceptuando la capital del último, que es una isleta huaicha.

De las tres subvariedades se advierte, a simple vista, que el huaicha-huanca está amenazado de extinción debido a la penetración del castellano. De allí que no fuera tarea fácil des­cubrir sus fronteras tanto norteñas como sureñas: los pueblos colindantes son prácticamente castellanohablantes en su totali­dad. En el mejor de los casos sólo pudimos encontrar, tras azarosa búsqueda, ancianos de más de setenta años quе recordaban algunas frases hechas y ciertamente muchas palabras, las quе, diagnosticadas, delataron un habla huaicha. Tales datos, unidos a la información toponímica y fitonímica, sirvieron eficazmente al establecimiento del deslinde ofrecido. De todo ello resulta quе en realidad el huaicha-huanca es una isla dia­lectal encerrada dentro del ñuqa-huanca por el norte y el huailla-huanca por el sur, a manera de una almendra (ver mapa).

4.2. Características dialectales

En lo que sigue ofreceremos las características fonológi­cas, gramaticales y léxicas de las variedades en cuestión. Tales rasgos, como se recordará, son el resultado de los dife­rentes eventos históricos que marcaron el desarrollo de los pueblos del Valle. Interesa ver acá, en términos sincrónicos, las notas más saltantes que diferencian a un dialecto de otro, dejando de lado aquellos rasgos quе no poseen una capacidad deslindados por superponerse de una variedad a otra.

4.21. Ñuqa-huanca versus Yaqa-huanca

Fonológicamente, la subvariedad jaujina se diferencia de las otras: (1) por la preservación de la antigua */s/; y (2) por haber cumplido el cambio */q/ > h.

4.21.1. Preservación de */s/. Los ejemplos quе siguen ilustran la pecularidad del habla jaujina:        

Ñuqa-huanca              Yaqa-huanca               Glosa

sila-                           hila-                       'coser'

siha-                          hi/a-                      'subir'

sunpi                         hunpi                     'sudor'

sulhu-                        hul/u                     'sacar'

sala                           hala                       'maíz'

sana                          hana                      'arriba'

Como se dijo (cf. 2.11), hay hablas pertenecientes al yaqa-huanca quе también preservan la sibilante inicial. Se encuen­tran allí voces como siĉa- 'derramar', siĉi- 'carmenar', siĉka- 'raspar', sil̃pu- 'verter', sita- 'arrojar', suĉka- 'resbalar' y suĉu- 'caer deslizándose', formas que en el sur aparecen con el cambio involucrado. Si hemos elegido el rasgo en cuestión para deslindar el jaujino es porque aquí la preservación del segmento es compacta. Tanto que sólo gracias a ello podemos reconstruir para el quechua general formas como *sana, *siĉa-, *surqu-, etc., quе en todos los dialectos se dan con la aspi­rada inicial. Por lo demás, como se sabe, el cambio */s/ > h tiene muchas excepciones en los dialectos quе lo registran, sobre todo ante las vocales altas (cf. Cerrón-Palomino 1987: Cap. VI, sección 6.1.42).

4.21.2. Espirantización de */q/. Se ilustra a continuación la ocurrencia de h < */q/, contrastándola a la situación encontrada en el yaqa-huanca.

Ñuqa-huanca              Yaqa-huanca               Glosa

hilu                                ilu                        'tronco'

wihi                               wi/i                      'lágrima'

atuh                               atu/                     'zorro'

huĉa                              uĉa                       'laguna'

ŝuhu-                             ŝu/u-                    'sorber'

ulhu                               ul/u-                    'cerro'

haya-                             aya-                     'llamar'

haha                              a/a                      'abra'

sinha                             sin/a                    'nariz'

Ya se mencionó (cf. 2.31.2) cómo dicha h se evapora en algunas hablas, y en el estilo informal, tras una consonante estridente: así, [piča] → pičha, etc. Asimismo, en final de sílaba, la aspirada tiende a desaparecer dejando como compensación el alargamiento de la vocal precedente: pay-pah-mi → [pay-pa:-mi].

4.21.3. Morfológicamente, el ñuqa-huanca registra las siguientes peculiaridades: (1) La forma de la marca del com­parativo es -naŝ, apareciendo en algunas hablas como -nuŝ e incluso -niŝ. Como se sabe, la variante encontrada en los otros subdialectos, así como en todas las variedades de QI, es
-naw ~ -nuy. Comparando estas formas es obvio que
la forma antigua fue simplemente *-na, quedando la semiconsonante como un elemento enigmático; no así -ŝ, que es el morfema atributivo, de uso corriente en el huanca.
(2) Caracteriza
al shausha igual­mente la forma del ablativo -pita, en oposición a las otras variedades, donde se dan -pi/ ~ pi/ta. (3) Finalmente, encon­tramos en esta área el orden -kah-kuna, a diferencia del yaqa-huanca, quе emplea un ordenamiento inverso, es decir -kuna-ka/: así, walaŝ-kah-kuna versus walaŝ-kuna-ka/ 'los muchachos'.

4.21.4. Léxicamente, el ñuqa-huanca registra las siguientes idiosincrasias, en oposición a las de otras subvariedades (la lista no pretende ser exhaustiva):

Nuqa-huanca              Yaqa-huanca               Glosa

(a) Raíces verbales

ŝuya-                             alka-                    'esperar'

ispi-                               halka-                  'atajar'

aywa-                            li-                         'ir'

taka-                             čapi-                    'lanzar'

pišta-                             ĉipi-                     'degollar'

iški-                               palpu-                  'caer'

uŝya-                             kamaka-              'acabar'

maya-                            uyali-                   'oír'

(b) Raíces nominales

api                                 l̃u/mi                   'mazamorra'

čuču                              ñuñu                    'pezón'

lulu                                luntu                    'huevo'

l̃ahwa                            wikuña                'vicuña'

ñawsa                           apla                     'ciego'

waywaŝ                         unčučukuy           'comadreja'

Fuera de ello, encontramos en el jaujino lexemas que mues­tran cambios vocálicos que no pueden ser explicados por medio de una regla, al menos por el momento. Compárense:

Ñuqa-huanca              Yaqa-huanca               Glosa

ahta-                             a/tu-                    'lanzar algo de la boca'

tupŝa                             tupŝu                    'pico de ave'

čukl̃aŝ                           čukl̃uŝ                  'grillo'

ŝaywi                             ŝaywa                  'espantapájaros'

iŝña-                              iŝñi-                      'sonar la nariz'

čumi-                             čimi-                    'aplastar'

čali-                               čala-                    'coger'

En todas estas formas el yaqa-huanca parece tener la vocal originaria, pues así la registran el resto de los dialectos que­chuas, allí donde se dan los lexemas en cuestión. De otro lado, en algunos casos encontramos ejemplos de relexificaciones diferentes: así likaĉa- versus likča- 'despertar' (en el yaqa-huanca la primera forma significa 'echar de menos'), al̃ičaka- frente a al̃inya- 'sanar', e incluso yaĉaku- versus yaĉaka- 'acostumbrarse'. En fin, registramos también formas como ačayku- frente a čayku- 'meter la mano en un recipiente', ukača- versus ukapa- 'tener frío', y luti en vez de ñuti 'moco', cambio este último que evoca un tratamiento aru.

4.22. Huaicha-huanca versus Huailla-huanca. Como se vio, estas variedades forman un supralecto, distinguiéndose entre sí, más que en la gramática y el léxico, en sus propiedades fonológicas. Dos son las isoglosas quе separan al huaicha del huailla: (1) el proceso de retroflexión (*/č/ > ĉ) y (2) el de delateralización (*/l̃/ > č). A decir verdad, estos mismos fenómenos oponen al huaicha frente al ñuqa-huanca. Ilustremos aquí los casos ya mencionados en las secciones 2.31.3 y 2.31.4.

4.22.1. Retroflexión                

Huaicha             Huailla                 Shausha           Glosa

ĉaka                  čaka                    čaka                 `puente'

kuĉu-                 kuču-                   kuču-               'cortar'

muĉа-                mučа-                  mučа-               'besar'

wаĉа                  wača                    wača                'cerda'

unĉu                   unču                     hunču               'sedimento'

ĉukĉu-               čukču-                 čukču-              'temblar'

4.22.2. Delateralización           

Huaicha             Huailla                 Shausha           Glosa

tuču                   tul̃u                      tul̃u                  'hueso'

mači-                 mal̃i-                    mal̃i-                'probar'

hač/a                 hal̃/a                   sal̃ha                'puna'

wačwa               wal̃wa                  wal̃wa              'culén'

tu/ča                 tu/l̃a                    tuhl̃a                'trampa'

wayča                wayl̃a                   wayl̃a               `prado'

4.22.3. Gramaticalmente, como se dijo, en verdad no hay diferencias entre el huaicha y el huailla. La única nota diferencial quе tipifica a esta subvariedad de entre las otras dos es el empleo de -ni como gozne para recibir la marca de primera persona actora cuando el tema acaba en el durativo -yka:. Los ejemplos quе siguen ilustran este tratamiento especial:

Huaicha             Huailla                 Shausha           Glosa

li-yka:-ni-:          li-yka-:                 aya-yka-:         'estoy yendo'

alka-yka:-ni-:     alka-yka-:            ŝuya-yka-:        'estoy esperando'

uyali-yka:-ni-:    uyali-yka-:           maya-yka-:      'estoy oyendo'

4.23. Relaciones cruzadas. Hasta aquí vimos las notas más saltantes quе diferencian a una variedad frente a otra. En lo quе sigue nos referiremos a las características quе se superponen de un subdialecto a otro, al margen de la clasificación tripartita establecida. Es evidente que tales cruces responden tanto a las conexiones históricas postuladas cuanto a las rela­ciones geográficas cotérminas.

4.23.1. Huailla y Huaicha-huanca. Por encima de las diferencias vistas en 4.22.1 y 4.22.2, estas dos subvariedades comparten, como se dijo, el cambio de */q/ a oclusión glotal. Ahora bien, como se recordará (cf. 2.31.2), el resultado de dicha mutación en inicial absoluta pronto se esfumó confundido con el saltillo precursor que opcionalmente acompaña a las palabras que empiezan por vocal. En el resto de los contextos, sin embargo, el cierre glotálico ha tenido distinta fortuna tanto desde el punto de vista puramente fonológico como desde una perspectiva geográfico-territorial. Lingüísticamente, la evolución en el cambio de */q/, a través de su reflejo ///, ha traído como consecuencia una serie de profundos reacondicionamientos en el sistema fonológico, aunque dependiendo del tipo de análisis por el que uno opte, tales reajustes pueden ser considerados como efectos de superficie, por un lado, o como reestructuraciones que afectan al sistema subyacente de la lengua, por el otro. Geográficamente, la progresión en el dete­rioro de /// no proyecta áreas nítidamente discretas, aunque algún esfuerzo se hizo por establecer la zonificación respec­tiva (cf. Cerrón-Palomino 1973b, 1976b: Cap. VI). Lo que se advierte claramente es que toda el área del huaicha, así como el huailla norteño (colindante con aquél), constituyen el centro más innovador en el proceso de total elisión de ///. De otro lado, lingüísticamente se advierte que la implementa­ción del mencionado proceso se ha venido desarrollando prime­ramente en los sufijos y sólo ulteriormente en las raíces, de acuerdo con una tendencia universal en la propagación de los cambios en quechua, tal como lo vislumbráramos en otra ocasión (cf. Cerrón-Palomino 1974, 1977). Finalmente, la elisión glotálica se produce primeramente en inicial de sílaba tras conso­nante, y en posición intervocálica, cuando ocurre entre vocales heterorgánicas antes que al centro de vocales de idéntico tim­bre. En lo que sigue ilustraremos estos casos, y otros, seña­lando las consecuencias que acarrean tales mutaciones. Debemos indicar también que la zona más conservadora en la preservación de /// en todos los contextos (excepto en inicial absoluta, sobra decirlo) se encuentra en los distritos sureños y orientales de Huancayo.

4.23.11. Tratamiento de /// postconsonántica. En el huailla centro-norteño, así como en el huaicha, el saltillo desaparece tras consonante, produciendo una serie de nivelaciones (neutra­lizaciones en el léxico). Son ejemplos:

Retención      Elisión          Glosa              Homófonos     Glosa

aw/a            awa              'diablo'            awa                'mellizo'

puč/u           puču             'agrio'              puču               'sobra'

pič/a            piča              'cinco'             piča-               'barrer'

pal̃/a-           pal̃a-             'bifurcar'         pal̃a-              'recoger'

was/i-          wasi-            'destetar'         casi                'casa'

taw/a-          tawa-            'juntar'             tawa               'cuatro'

mil̃/ay          mil̃ay            'regazo'           mil̃a-y             'tener asco'

al̃/u              al̃u                'perro'             al̃u<*qal̃u       'lengua'

4.23.12. Tratamiento de /// en final de sílaba. En dicho contexto, la /// desaparece dejando sin embargo, a manera de compensación, un alargamiento sobre la vocal precedente. Una consecuencia de este hecho es el surgimiento de nuevas oposiciones cuantitativas entre formas quе portan vocal larga deri­vada y otras que muestran vocal breve originaria. Los ejemplos quе siguen son ilustrativos:

           Retención Compensación   Glosa              Oposición       Glosa

           ču/l̃u            cu:l̃u             'choclo'           čul̃u-               'derretir'

           wa/ta-          wa:ta-           'querer'            wata-             'amarrar'

           wa/la-          wa:la-           'astear'            wala-              'arder'

           ĉa/ĉa-          ĉa:ĉa-           'coquear'         ĉaĉa-              'derrumbar'

           ča/ču-          ča:ču-           'rociar'            čaču-              'enfermedad'

           tu/pa-          tu:pa-           'engavillar'       tupa-              'chocar'

Nótese quе, de acuerdo con la regla de delateralización y la de retroflexión, las formas correspondientes a 'choclo' y 'rociar' son en el huaicha ču:ču y ĉa:ĉu-, respectivamente, y entonces la oposición será con čuču- y ĉaĉu. En posición final absoluta, el alargamiento producido por la caída del saltillo también desaparece, según una regla fonética que afecta sólo a las vocales largas derivadas y no a las genuinas (por ejemplo, la marca de primera persona); pero la cantidad emerge automá­ticamente no bien la palabra recibe un sufijo o se la inserta dentro de una frase (cf. Cerrón-Palomino 1978). Son ejemplos:

Retención        Acortamiento    Emergencia de V: Glosa

atu/               atu                   atu:-mi                 '(es) un zorro'

suma/            suma                suma:-ta              'fuertemente'

pusa/             pusa                 pusa:-wan            'con ocho'

yula/              yula                  yula:-ka               'el blanco'

taki-/             taki-ø               taki-:-pa               'del cantor'

lima/              lima                  lima:-ta                'a Lima'

wankayu/      wankayu          wankayu:-ta        'a Huancayo'

Nótese quе en la forma yula:-ka, la vocal del artículo también se acorta, pero la cantidad es recuperada automática­mente al aglutinarse a la palabra cualquier sufijo: así, yula:-ka:-mi 'se trata del (color) blanco'. Lo propio ocurre, lo dijimos, cuando la palabra es insertada dentro de una frase: pusa: ĉunka 'ochenta', taki-: walaŝ 'muchacho cantor', wankayu: nuna 'huancaíno', etc. En topónimos tan familiares como Huancayo o Lima se advierte, sin embargo, una relexificación quе parte del modelo castellanizado. Así se oye decir wankayu-kta li-yka-: 'voy a Нuаnсауо' o lima-kta li-yka-: 'voy a Lima', donde el uso del alomorfo acusativo -kta delata un tema acabado en vocal breve: en estos casos, las expresiones genuinas son wankayu:-ta li-yka-: y lima:-ta li-yka-:, respectivamente.

4.23.13. Tratamiento de /// entre vocales diferentes. La elisión del saltillo cuando éste aparece entre vocales heterorgánicas da lugar, teóricamente, a un encuentro vocálico completamente reñido con la estructura silábica del quechua, quе no admite tal secuencia. Para sofocar tales casos de conspiración la lengua posee, sin embargo, unа regla fonética de inserción semiconsonántica quе tiene una función eminentemente hiática, la misma que se encarga de darle el "toque final" a los présta­mos del castellano quе, al ser adaptados al quechua, producen secuencias vocálicas intolerables. La regla en mención es pan-quechua y se la invoca en casos de elisión de una consonante intervocálica: así, en el ancashino, wayi < *wasi 'casa', uwa < *usa 'piojo', etc. Veamos lo que ocurre en el huanca:

Retención               Elisión                    Glosa

hi/а-                      hiya-                      'subir'

wi/аw                    wiyaw                    'cintura'

u/i                         uwi                        'color plomo'

u/а                        uwa                       'оса'

а/u-                       awu-                      'restregar'

tu/а                       tuwa-                     'escupir'

De acuerdo con lo observado, la inserción de semiconsonante es sensible al timbre de la vocal precedente: cuando la primera vocal es anterior se inserta [y]; en los demás casos es invocada [w]. La forma wayi del ancashino, así como el préstamo řafayil < 'Rafael', indican sin embargo quе la regla de inserción es más compleja, aunque no haya ejemplos nativos quе den una forma *XayiY < *XaqiY: se trata de un vacío acciden­tal (una palabra jaujina como čahi < *čaqi 'sopa de trigo' no se da en el yaqa-huanca). Como quiera que fuese, el hecho es quе la amenaza del encuentro vocálico es amagada por la regla de inserción mencionada.

4.23.14. Tratamiento de /// entre vocales homorgánicas. Entre las hablas más innovadoras se advierte igualmente la elisión del saltillo cuando éste aparece entre vocales del mismo timbre. Los ejemplos ofrecidos dan cuenta de esta situación:

Retención               Elisión                    Glosa

si/i-                       si:-                         'estrangular'

wi/i                       wi:                         'lágrima'

mu/u-                    mu:-                       'decapitar'

ŝu/u-                     ŝu:-                        'sorber'

ma/a-                    ma:-                       'golpear'

la/a-                      la:-                         'adherir'

Como puede observarse, la caída de /// habría producido, igualmente en el plano teórico, un encuentro vocálico violatorio de las restricciones silábicas del quechua. A diferencia del caso anterior, sin embargo, aquí no se produce la inserción semiconsonántica hiática pero igualmente la lengua posee su propio elemento corrector, que en este caso se manifiesta a través de la contracción vocálica. La vocal resultante, como se ve, es larga. De esta manera las hablas más innovadoras registran, superficialmente por lo menos, un incremento en las raíces con vocal larga.

4.23.15. Efectos colaterales de la caída de ///. Entre las mismas hablas innovadoras, y quе geográficamente corresponden a las comprendidas en los distritos de Iscos y Chupaca, en la margen derecha, y Hualhuas, en la orilla izquierda, y todo el huaicha-huanca, la elisión del saltillo trae como consecuencia la absorción de la nasal precedente. Los ejemplos ofrecidos ilustran la situación encontrada:

Retención               Elisión                    Glosa

sin/a                      siya                        'nariz'

un/ul                     u:l                          'rodilla'

un/a-                     uwa-                      'olvidar'

pan/a                    pa:                         'envoltorio del maíz'

tan/a-                    ta:-                         'empujar'

ŝamu-n/a              ŝamu-wa                'vendrá'

Se aprecia quе la caída de la secuencia n/ da lugar a una solución semejante a las vistas en 4.23.13 y 4.23.14, es decir el encuentro vocálico se resuelve con la inserción semiconsonántica, cuando las vocales son heterorgánicas, y con la contracción en casos de homorganicidad de aquéllas. Ello produce, a veces, neutralizaciones como cuando pa: puede provenir de pa/a- 'lavar' o de pan/a 'envoltorio'; o en el caso de uwa, quе valdría tanto para u/a 'oca' como para un/a- 'olvidar'. Nótese también cómo surgen vocales largas trabadas, en franca violación de la fonotaxis quechua: los casos de ŝu:nŝun/un 'corazón.', na:l nan/al 'en vano' son otros ejemplos. Allí donde no cae la nasal, aunque sí la glotal, se advierte por el contrario otro fenómeno: el surgimiento de un cuasi-fonema /ŋ/: En virtud de ello algunas de las formas listadas tales como [uŋa-], [paŋa], [taŋa] y [ŝamu-ŋa] parecerían oponerse a unay 'tiempo atrás', pana 'escaso', tana 'enredado' y ŝamu-na 'venida', respectivamente. No parece haber duda, en estos casos, de quе la [ŋ] se mantiene como tal, es decir como velar, y no cambia a n, para evitar la peligrosa homonimia. Que la nasal velar podía cambiar a n lo prueba el antiguo proceso simplificatorio que afectó a *-nqa que devino en -na (cf. 2.32.2). Justamente para ahuyentar la homonimia, un/ul dio umul en San Jerónimo; de lo contrario se habría tenido unu-l 'al calentarse' < *qunu-r. Como puede ob­servarse, los efectos colaterales de la caída de /// son múl­tiples. No está muy claro el problema de cuál de los segmentos cae primeramente allí donde se registra la absorción de la nasal (para más detalles, ver Cerrón-Palomino 1976b: Cap. VI, sección 6.4.1). Parecería, en principio, quе la glotal es la primera en desaparecer; pero ocurre quе hemos localizado un punto, especí­ficamente Carhuacallanga (en la zona altina, al suroeste de Huancayo), quе se caracteriza por preservar el saltillo, donde encontramos formas como si/a 'nariz', u/a- 'olvidar', ŝu/un 'corazón', etc., quе aparecen en las hablas aledañas como sin/a, un/a- y ŝun/un, respectivamente. De una cosa puede estarse seguro: quе la caída no es simultánea, y que, dependiendo de la zona, en unos casos cae la glotal primeramente (de acuerdo con el desgaste general tras consonante); y, en otros, es la nasal la precursora de la simplificación. Recordemos quе ambos sonidos, después de todo, poseen en común el no presentar una artículación en la pista vocálica.

El estudio de la suerte de n/ es particularmente intere­sante porque la marca de tercera persona es precisamente -n/a para el futuro en los lectos conservadores. Como tal sufre las consecuencias de los efectos colaterales de la caída del saltillo. Así, según se vio, formas como puli-n/a 'andará', miku-n/a 'comerá' y awsa-n/a 'jugará', etc. darán, respectiva­mente, puli-ya, miku-wa y awsa-:. Hasta aquí es parejo el tra­tamiento de la secuencia n/, según estemos frente a formas ori­ginarias (raíces) o a elementos derivados (temas conjugados). Ocurre, sin embargo, que en lo que parece ser el centro inno­vador por antonomasia (Pilcomayo, Chupaca, Iscos, Ahuac y Jarpa), las formas derivadas con -n/a sufren un cambio más radical quе desemboca en la contracción vocálica no sólo tratándose de vocales homorgánicas, quе sería el resultado normal (cf. awsa-n/a → [awsa-:] 'jugará'), sino incluso en el contexto heterorgánico. Se registran allí formas tales como puli-: 'caminará', miku-: 'comerá', donde vemos que la inserción semiconsonántica, válida para las raíces, es sólo un recurso pasajero en el caso de las formas derivadas. Adviértase ahora que la contracción vocálica opera también con vocales heterorgánicas, donde el timbre quе "manda" es el de la raíz. Que esto es así siempre lo prueban muchos ejemplos del huanca (cf., verbigracia, mayu-ka/-ta [mayu-:-ta] 'al rio'). El resultado de tal cambio radical es ahora la homonimia entre la marca de la primera persona actora, quе se da como alargamiento vocálico, y la de la tercera perso­na: puñu-: puede significar -'yo duermo' tanto como 'él dormirá'. Sobra decir que, en estos casos, el peligro de la homonimia es teórico mas no pragmático.

Para terminar con este punto resta señalar que hay, incluso, en las hablas más innovadoras, un tratamiento especial de la glotal: ello ocurre en el morfema -/a, llamado marcador de tópico. Fonéticamente, unido a un tema cualquiera, dicho sufijo formas secuencias en nada diferentes a las quе encontramos al interior de las raíces: confróntense las formas como pil/a 'pared', sin/a 'nariz'; pero tampoco habrá diferencia con las secuencias derivadas: así, miku-l/a 'él/ella comió', li-n/a 'él/ella irá', etc. Tales expresiones derivarán, respectivamente, en pila, siya, miku-la y li-ya o li-:, en última instan­cia. Sin embargo, formas como las siguientes:

muna-pti-n-/a         'si él/ella quiere'

awsa-l-/a                'si es quе uno juega'

li-pti-k-/a                'si es quе vas'

mama-yki-/a           '¿y tu mamá?'

tanta-/a                  '¿y pan?'

jamás pierden su saltillo. Ello quiere decir quе en estas hablas dicho segmento sólo se da en el morfema -/a. ¿A qué puede de­berse tal conducta idiosincrática? Nótese quе, de aplicarse las reglas vistas hasta acá, las dos primeras formas y la última podrían devenir en muna-pti-:, awsa-la y tanta-:, quе podrían significar 'si es quе yo quiero', 'él/ella jugó' y 'mi pan', respectivamente. Ya vimos, sin embargo, que el peligro de homo­nimia no cuenta acá. En tal sentido, se nos ocurre quе la explicación del caso sui géneris de -/a habría quе buscarla en la sintaxis de la lengua: dicho sufijo no tiene el mismo status que los otros, pues su inserción está determinada por reglas quе pertenecen al nivel del discurso.

4.23.2. Huaicha y Shausha -huanca. Como se habrá podido inferir, entre el huaicha y el shausha hay diferencias notorias del mismo modo en quе las hay entre el huailla y éste. No obstante ello, dada la vecindad geográfica, encontramos entre ellos por lo menos dos rasgos comunes compartidos privativa­mente. Ellos son, por un lado, el empleo de la forma -yki como marca de segunda persona actora en el paradigma del pasado simple: así, ŝamu-l/a-yki 'viniste', en lugar de la correspon­dencia huailla ŝamu-l/a-nki, donde, como dijimos, la forma -nki surge por influencia del paradigma de presente. El otro rasgo común, de otro lado, lo constituye la ausencia del derivador verbal -yši (quе alterna con -wši), quе indica compañía en la realización de la acción y quе transitiviza un verbo intransitivo: de este modo, lika-yši-ma-y significa 'acompáñame a ver!', puñu-yši-ma-y 'acompáñame a dormir!', etc. Desconocido por estas subvariedades, dicho morfema reaparece sin em­bargo en los dialectos norteños de QI. Cuanto al léxico com­partido, apenas pudimos detectar el empleo común del antiguo numeral ĉusku en vez de tawa 'cuatro', que es la forma registrada en el huailla y en todo el sur.

4.24. Inteligibilidad. Tal como lo señalaba Andrés de Vega en 1582 (cf. sección 1), pese a las diferencias encontradas entre las tres subvariedades, la inteligibilidad entre los quechuahablantes de todo el Valle es un hecho. La misma observa­ción aparece implícita en Ráez (1917: 18). En el único test de inteligibilidad de alcance general dentro del ámbito quechua, conducido por Torero (1974: 36-43), hizo falta verificar la intercomprensión entre hablantes de ñuqa-huanca y yaqa-huanca. Ante tal carencia nos propusimos confrontar a un hablante de la parte central de Huancayo (específicamente de Chongos Bajo) con otro del distrito de Marco (Jauja). El test, quе fue gra­bado, consistió en una conversación quе giró en torno a las fiestas patronales de cada pueblo. En general, el diálogo se condujo en forma fluida, con apenas ligeros entorpecimientos debidos sobre todo a la diferencia léxica. Debe notarse que, en realidad, la intercomunicación es algo que tiene que ser fomentada o estimulada toda vez quе es muy difícil quе los hablantes de una u otra variedad intercambien una conversa­ción en quechua, no sólo por el hecho de quе no es muy frecuente el encuentro físico de tales hablantes, sino sobre todo porque en el caso eventual de que hubiera acercamientos el diálogo se conduciría en castellano, quе, por lo menos entre las personas viajeras, es la lengua dominante. Fuera de todo ello, también es de advertirse quе dicha inteligibilidad es ligeramente asimétrica, pues el huancaíno entiende más fácilmente al jaujino quе al revés. Ello está de acuerdo con la "distancia" de los dialectos en relación con el PH: come se vio, el yaqa-huanca ha sufrido mayores deterioros en su com­ponente fonológico. Tanto quе, como se recordará, para el hombre lego dicha subvariedad no es quechua. Lo quе no ocurre con el jaujino, del cual, que sepamos, nadie ha puesto en tela de discusión su condición de variedad quechua.

En relación con la inteligibilidad del huanca (variedad de Huancayo) por parte de los hablantes del dialecto ayacuchano, Wölck (1972) recoge la siguiente impresión, al señalar quе algunos ayacuchanos parecen considerar que el quechua de Huánuco es más inteligible quе el de Huancayo. Con cierto cinismo --prosigue el autor--, se podría sugerir una explicación [:] quе ellos saben por experiencia la dificultad de comunicación con los huancaínos, quе son sus vecinos muy cercanos, mientras quе todavía pueden hacerse ilusiones respecto a los más lejanos huanuqueños. Los dialectólogos quechuas tendrán quе descifrar esto con más detalle". Al respecto debemos decir quе, en realidad, el desciframiento es relativamente sencillo, pues resulta bien fundada la perplejidad del ayacuchano frente al huancaíno: ante un dialecto quе ha eliminado la */q/, el huanuqueño aparece más quechua, pues tampoco se registra acá el cambio */r/ > l. Si el jaujino encuentra algunos tropiezos en la comprensión de la variedad huancaína, cuanto más lo hará el ayacuchano, hablante de QII. La inteligibilidad en la otra dirección es mucho más salvable en efecto, el huancaíno puede entender sin mayores problemas la variedad huancavelicana, pues el contacto entre huancas --sobre todo de la parte austral de Huancayo-- y huancavelicanos es mucho más estrecho que el quе existe entre aquéllos y los shaushas. Al margen de la distancia estructural entre ambos dialectos, lo que cuenta acá es el contacto inter-étnico. La contigüidad geográfica, por un lado, y el trato fre­cuente, por el otro, determinó, por ejemplo, que los huancaínos moteen de ñuca al huancavelicano y sureño en general: voz tre­mendamente despectiva que, sin embargo, no es sino el pronombre de primera persona ñuqa en boca de los hablantes de la variedad sureña. Lo quе ignoran los huancas, que viven a espaldas de los shaushas, es que también éstos deberían ser ñucas, pues, como vimos, ellos hacen uso igualmente de tal pronombre.

Con referencia a la inteligibilidad entre un hablante de huailla y otro de huaicha debe señalarse quе aquélla es mutua. No hay ningún problema de comunicación, por ejemplo, entre un sicaíno (huailla) y un orcotuneño (huaicha). Las reglas de retroflexión y delateralización que caracterizan al habla del segundo pasan como "tonillos peculiares", tal como lo refiere el propio Ráez. Por lo quе toca a las diferencias encontradas en el tratamiento de ///, es de notarse que los nivelamientos, así como el surgimiento de nuevas oposiciones determinadas por la presencia o no de vocales largas, parecen operar sólo a nivel de superficie. Esto porque aun cuando un hablante neutra­liza en términos articulatorios palabras como al̃/u 'perro' y alu 'lengua', provenientes de *al̃qu y *qal̃u, respectivamente, en una forma única [alu], cuando se le pronuncia [al̃/u] para quе nos diga de qué voz se trata nos contestará sin vacilaciones quе corresponde a 'perro' y jamás a 'lengua'. Prueba irrefutable de quе en su sistema subyacente tiene aún la forma /al̃/u/ y no */al̃u/, es decir аún no parece haber reestructuración.

5. Relaciones fronterizas

Como se dijo en 4, los linderos australes del huanca coin­ciden casi exactamente con los límites entre los departamentos de Junín y Huancavelica. Lingüísticamente se trata de la fron­tera entre un dialecto de QI y otro de QII, prácticamente sin transiciones, salvo las que se dan en boca de hablantes bidialectales que transitan de un lado a otro de la marca fron­teriza. Un viajero de fines del siglo pasado daba a conocer sus impresiones acerca de este hecho en los siguientes términos "Ñahuinpuquio es la marca entre los departamentos de Junín y Huancavelica [-..]. Acostambo y Ñahuinpuquio son restos de la perdida nacionalidad de los chancas[...]. En Ñahuinpuquio termina la raza huanca; desde allí comienza a hablarse el quechua; y el viajero que compare un poco los tipos y las costumbres de los pueblos quе recorre, notará si pasa por aquella aldea y por Acostambo, quе su fisonomía es muy distinta a la de los huancas. [...]. Así como termina allí el idioma huanca, para comenzar el quechua [...]" (Carranza, Luís 1887-1888, citado por Manrique 1981: 51-53; subrayado nuestro). La cita, aparte de remarcar la oposición distorsionadora entre lengua quechua e idioma huanca (cf. sección 1), ilustra perfectamente la frontera dia­lectal mencionada.

No obstante la distancia estructural que separa al huanca del huancavelicano (= variedad ayacuchana), encontramos dentro del primero ciertos rasgos quе lo aproximan al segundo. Ello es cierto para todo el quichua-huanca, a diferencia, por ejemplo, del tarmeño, quе no ofrece tales notas aproximativas (explicables, por lo demás, debido a su no-contigüidad territorial). Lo que es más importante, sin embargo, es quе, de todo el supralecto, el yaqa-huanca muestra mayores afinidades con el huancavelicano; el ñuqa-huanca, por otro lado, se muestra más "norteño", comulgando con un mayor numero de aspectos con las variedades de Yauli y Tarma.

Comenzando por lo último, es de señalarse quе el ñuqa-huanca comparte con los dialectos norteños el empleo de -yki 'segunda persona de pasado'. Ya dijimos quе de este rasgo tam­bién participa el huaicha. Recuérdese asimismo para esta zona la ausencia del transitivizador -yši, que tampoco se da en las variedades norteñas inmediatas, aunque vuelve a aparecer en las hablas más septentrionales de QI . Pero lo que más acerca ñuqa-huanca con las variedades norteñas es definitivamente su léxico: voces como aywa- 'ir', maya- 'oir', uŝya- 'durar, aca­bar', lulu 'huevo', waywaŝ" 'comadreja', etc., hacen de dicha variedad algo sensiblemente diferente al huanca sureño y más afín al tarmeño. Las formas correspondientes a dicho léxico en el yaqa-huanca, por el contrario, son comunes a las del huancavelicano: li-, uyali-, kamaka-, luntu y unčučukuy, respectivamente, aparte de los cambios fonológicos consabidos. Fuera de tales notas comunes, tanto gramaticales como léxicas, el carác­ter septentrional del nuqa-huanca estaría dado también por el cambio de lenición y desplazamiento ulterior de */q/. Como se dijo, dicha mutación es igualmente compartida, si bien en su estadio inicial, por el dialecto tarmeño. Sin embargo, no qui­siéramos ver en el jaujino el centro irradiador de tal cambio, pues, de otro lado, el mismo proceso afectó al huancavelicano. En tal sentido, es mejor ver en la lenición de */q/ una tenden­cia general quechua, motivada por el carácter marcado de su articulación.

Al margen de tales "alejamientos" del shausha respecto del yaqa-huanca, todo el supralecto comparte con el sureño por lo menos tres rasgos ausentes en las variedades más norteñas. El primero es una nota muy antigua que remonta posiblemente a la época Huari, cuando el contacto con los sureños era más estrecho: se trata de la simplificación de *-nqa 'participio de futuro' en -na, confundiéndose con el concretizador -na. Los dialectos al norte de Jauja siguen preservando la forma antigua así, miku-nqa-n-paq 'para que Coma' frente a miku-na-n-pa/ ~ miku-na-n-pah. Como se sabe, el cambio se consumó en el sureño, especialmente en el cuzqueño, sólo al promediar el siglo XVII. Otro rasgo común del huanca con el sureño es el manejo del durativo-simultativo
-čka:, que
en el sur se da con el valor simple de durativo y ciertamente sin el alargamiento vocálico: así, miku-čka-: 'estoy comiendo mientras...' frente a miku-čka-ni 'estoy comiendo'. Al norte de Jauja desaparece -čka:, aunque vuelve a emerger en Cajamarca (QII), con otro valor. Ráez (1917: 145), comentando el empleo de dicho morfema, sugiere que "este interf.[ijo] es de creerse que el indio Huanca lo ha tomado del idioma de Ay.[ayacucho] donde es de uso común", señalando además que "es lo mismo quе el interfijo -ica", o sea -yka: (cf. sección 2.22). Ni una ni otra cosa: -čka: parece ser una forma antigua, heredada del PQ, para la cual hemos encontrado incluso en pleno Valle una versión más arcaica bajo la apariencia de -ĉka: (en Andamarca, por ejemplo); por lo demás, su función simultativa subordinadora lo diferencia de
-yka:, tal como se
mencionó. Finalmente, el empleo del derivador propensitivo
-tya< *ti-ya, que indica el
amago de una acción, se encuentra igualmente en el sureño bajo la forma de -tiya: así, lima-tya-yka-n-ña 'está a punto de hablar ya' frente a rima-tiya-n-ña, que signi­fica lo mismo. Dicho sufijo no se encuentra al norte de Jauja, al par quе resulta muy productivo tanto en el huanca como en el sureño (cf. Cerrón-Palomino 1976a: Cap. VI, sección 6.21.26).

Tales son las notas comunes entre el huanca y el sureño. Ráez (1917), sin embargo, menciona otras afinidades (1) el empleo de -ykičik para el plural de segunda persona posesora (cf. 40-41) ; (2) -nkičik, para la respectiva actancial (cf. 64); (3) -man, con valor de dativo (cf. 27); y (4) la secuencia -pi-wan 'aditivo-inclusivo' (cf. 170-171). Ciertamente quе con tales sufijos el huanca podría mostrar una fisonomía más sureña. Sin embargo, nosotros no hemos encontrado dichos ras­gos, a excepción de -man con el valor mencionado. Los ejemplos quе el franciscano proporciona, a saber (y respetando su orto­grafía) : uish-niqui-chic 'oveja de vosotros o vuestras ovejas' allhu-iquichic 'perro de vosotros o vuestros perros'; capussu-nquichic-man 'si vosotros tuviérais' ya-api-huan 'conmigo más' maihan-pihuan? 'y con quién más?', etc. son del todo desusados y hasta cierto punto incomprensibles en el Valle. Por lo quе toca a la marca de segunda persona posesora, también Touchaux (1910: 49) menciona quе los huancaínos "usan el plural [...] iqichiq". Ignoramos dónde pudieron haberse recogido tales informaciones, aunque se nos ocurre que ellas podrían correspon­der a interferencias dialectales producidas por el quechua misionero (cf. sección 6). En lo quе estamos de acuerdo con Ráez es en el empleo de
-man como marca de objeto indirecto en lugar de -kta ~ -ta, quе es la norma en los dialectos centro­norteños. Los ejemplos quе da: Manucu-man tanta-cta huy '¡dale pan a Mañuco!' y hualasscaman chucucata huy '¡dale el sombrero al muchacho!' son frecuentes, pero sólo en las hablas más sureñas de Huancayo, por ejemplo en Sapallanga y Pucará. A partir de tales hablas, al norte, no se oyen jamás expresiones como las citadas, pues sus versiones correspondientes serían: Manuku-kta tanta-kta uy y walaŝ-ka/-ta čuku-ka/-ta uy, respectivamente, donde -kta ~ -ta reemplaza a -man. Este uso es tildado de "im­propio" por Ráez (1917: 27), influido seguramente por el mito de la mayor "pureza" del sureño. También en las hablas sureñas mencionadas se oye con frecuencia el empleo del diminutivo -ča: así, wamla-ča 'muchachita', walaŝ-ča 'muchachito', etc.; tales expresiones son igualmente inusitadas en el resto del Valle, al par que profusas en el sureño (exceptuando el puneño). Por lo demás, ciertamente quе -ča ocurre esporádicamente en todo el Valle, pero en formas completamente relexificadas: así, mamača '(la virgen', taytača '(un) santo', uywača 'animal que se usa en el foveo', etc. De lo contrario, una expresión como walmi-ča alude necesariamente a una mujer sureña, y tiene fuer­te connotación despectiva. Como quiera quе los distritos de Sapallanga, Pucará, Huacrapuquio, Cullhuas y Viques colindan con Huancavelica, es natural quе a los usos de -man y -ča mencionados se hayan filtrado, a través del contacto inter­étnico, en las hablas correspondientes a tales distritos.


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* Agradecemos al Proyecto de Educación Bilingüe de Puno por habernos invi­tado a dictar dos cursos sobre fonología quechua (del 13 de enero al 28 de febrero) en el Programa de Maestría en Lingüística Andina y Educación orga­nizado por dicho Proyecto en convenio con la Universidad Nacional del Alti­plano. El dictado de tales asignaturas permitió, en las horas libres, la redacción del presente artículo. La segunda parte de este artículo se publi­cará en AMERINDIA 14.